
Japón es hoy el mayor tenedor de deuda de Estados Unidos, y Jim Rickards, autor al que siempre recomiendo leer, cree que ahí está la grieta mas importante que debe vigilar el mercado. En una entrevista muy viral, el analista colocó el carry trade del yen por encima de cualquier otro foco de riesgo y sostiene que Washington está intentando ganar tiempo para evitar un desmonte desordenado.
Su tesis parte de un mecanismo conocido y enorme. Durante 30 años, inversores de todo el mundo han pedido dinero prestado en yenes al 0% para financiar operaciones en otros mercados. Funcionó mientras Japón vivió anclado en tipos mínimos. El problema es que eso ha cambiado: tras más de dos décadas de dinero casi gratis, el Banco de Japón sigue subiendo y un 3% en ese contexto altera por completo la ecuación.
Si el coste del yen sube, el carry trade deja de ser una autopista y empieza el atasco. El inversor que quiere salir necesita dólares para devolver el préstamo en yenes. Si la financiación falla o el banco cierra el grifo, solo queda una salida: vender activos.
Rickards no habla de un susto de unos cuantos hedge funds; habla de una salida global de posiciones apalancadas que, a su juicio, ha lubricado la economía de Estados Unidos y la economía mundial durante tres décadas.

Las tasas en Japón siguen descontroladas estrechando la brecha con los tipos USA. Si sigue esta tendencia, el carry deja de funcionar. Las posiciones se cierran, y cerrarlas significa vender activos.
Ahí está el nervio de su argumento. Un cierre acelerado del carry trade no castiga solo a una divisa, puede tocar bonos, bolsa y crédito a la vez. En otras palabras, podría desencadenar una importante crisis de liquidez: cuando todos corren hacia la puerta, el precio de salida empeora para el último y también para el primero.
Como hemos venido analizando en TradingPRO, Rickards confirmó que Japón ha estado vendiendo Treasuries para conseguir dólares, comprar yenes y sostener su moneda. Si ese flujo aprieta, suben las rentabilidades de la deuda de Estados Unidos. Y eso, en plena Administración Trump, tiene coste financiero y político. De ahí, que Scott Bessent haya pedido a Japón que no soltara más papel y que tomara los dólares necesarios a través de una línea swap con la Reserva Federal.
Estados Unidos estaría usando dólares de la Fed para apuntalar el yen, frenar nuevas subidas de tipos en Japón y evitar que el carry trade se deshaga de golpe. Rickards cree que es una defensa muy arriesgada de un tipo de cambio que quizá no pueda sostenerse mucho tiempo.

Japón tiene un problema estructural, el coste de su deuda sigue muy mal valorado (gracias al BOJ que continúa monetizando JGB). Las intervenciones en el YEN no funcionarán más allá del corto plazo.
Llama la atención que sitúe al Tesoro y a la Fed tan dentro de la operación, porque el mensaje de fondo es que el problema ya no sería teórico, sino operativo.
Rickards también reforzó su discurso alcista sobre el oro. Su siguiente referencia es $10,000 por onza, después de una corrección que da por terminada.