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Jose Basagoiti6 de agosto de 2026

Ormuz: el mercado compra otra vez un pacto con demasiadas grietas

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El Brent cedió hasta $79/barrel y el S&P 500 anotó un nuevo máximo histórico por una razón muy concreta: el mercado vuelve a dar por buena la reapertura del estrecho de Ormuz. Axios asegura que EEUU quiere anunciar esta semana un acuerdo con Irán y Omán. El rebote en bolsa ha sido inmediato, aunque hay más factores que lo apoyan.

Sin embaergo, la letra pequeña invita a la cautela. El esquema que describe Axios es casi un calco del intento anterior: entrada de buques por aguas iraníes, salida por el lado de Omán y trabajo de desminado en la zona central del estrecho. Durante 60 días no habría peajes ni tasas. Suena bien, el problema es que el acuerdo previo saltó por los aires tras nuevos ataques a barcos, así que el mercado está comprando papel sobre un precedente bastante frágil.

Eso sí, el riesgo no acaba en la seguridad marítima. Las conversaciones están pensadas para evitar otra escalada, no para cerrar los asuntos de fondo. Reuters apunta que sigue abierto el choque por las tasas de tránsito una vez pasen esos 60 días. Y aquí es donde aparece el punto más delicado. Medios regionales sostienen que Irán reclama una tarifa del 7%, con exenciones para barcos chinos y rusos, mientras que EEUU ha planteado un 5%.

Si esa versión se acerca a la realidad, el giro de Washington sería serio. Hasta ahora, la posición de EEUU era que la libertad de navegación no encaja con el cobro de tasas. Aceptar una discusión sobre el porcentaje ya sería una cesión.

Esto debilitaría a la Casa Blanca en un terreno mucho más sensible: si no logra restablecer la situación previa en Ormuz, cuesta ver qué margen tendría para arrancar concesiones a Irán sobre su programa nuclear.

Ahí está la clave para las próximas sesiones. Trump puede acabar ante una disyuntiva incómoda: asumir un pacto en los términos de Irán o volver a tensar la cuerda. El mercado, de momento, prefiere la primera opción y actúa como si el día se repitiera con el mismo final benigno. Llama la atención esa tranquilidad. Porque basta un dron, un misil o un nuevo ataque a la navegación para que el guion cambie de golpe y aparezcan ventas, toma de beneficios y otra vez rotación defensiva.

La energía sigue apretando y Washington abre otro frente con China

Aunque el Brent haya aflojado, el diésel y la gasolina siguen lo bastante altos como para forzar nuevas ayudas públicas. Italia prorrogó hasta el 25 de agosto el recorte del impuesto al diésel, y Meloni dejó abierta la puerta a más apoyo financiero si los carburantes continúan al alza.

La presión no viene solo del crudo. El calor dispara la demanda eléctrica y la sequía obliga a Italia a sustituir hidráulica por generación con gas. A eso se suma que varios países europeos han parado de forma temporal centrales nucleares por la elevada temperatura del agua de refrigeración.

Roma ya ha movido ficha en Bruselas. El Gobierno italiano ha pedido margen para su déficit presupuestario aprovechando las cláusulas de escape de la UE para defensa y energía. Su intención es usar el 0.3% completo previsto para medidas energéticas y ha solicitado 0.9% de flexibilidad para gasto militar.

Es evidente que la factura energética sigue viva y amenaza con colarse en las cuentas públicas.

Y mientras Ormuz centra los focos, la Casa Blanca prepara otra derivada de mercado. Según las informaciones recogidas por TradingPRO, está redactando una prohibición a la importación de transceptores chinos, los equipos que transmiten datos entre servidores dentro de los centros de datos. La lectura es doble. Hay seguridad de la cadena de suministro y protección industrial, pero también un intento de frenar el avance chino en IA y sectores ligados a ella.

Los fabricantes chinos dominan ese nicho de fibra óptica, sus modelos compiten con los estadounidenses y su industria de chips sigue mejorando.

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Desde nuestro punto de vista, parece poco probable que se apruebe dado los elementos de tierras raras, donde China podría contestar con fuerza.

La ciberseguridad añade otra capa de tensión. La noticia llega después de un informe del House Committee que sostiene que compañías chinas de telecomunicaciones siguen conectadas a centros de datos de EEUU, pese a que la FCC les prohibió enlazar directamente con las redes del país. Los expertos alertan de que esos componentes podrían servir para extraer datos o interrumpir servicios. Traducido a mercado: el frente geopolítico no se está cerrando, solo va cambiando de escenario.

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