
Catorce puntos básicos. Ese es el movimiento medio que ha registrado la rentabilidad del bono de EEUU a dos años en las cinco apariciones públicas de Warsh como presidente, según BMO. El dato tiene miga porque la Fed acaba de subir tipos de forma unánime por primera vez desde Julio de 2023, justo cuando las últimas lecturas de inflación venían aflojando y las sorpresas macro empiezan a oler a estanflación.
Las tornas han cambiado. La subida ha sido de 25bps y tiene mucho de mensaje de credibilidad. Ahí está la contradicción que ahora tiene que gestionar Warsh: endurecer el precio del dinero mientras el mercado intenta descifrar si lo de hoy es un movimiento aislado o el arranque de un ciclo más amplio. Y hacerlo, además, sin refugiarse en una guía demasiado explícita sobre los próximos pasos.
Ese equilibrio es el centro de la sesión. Los inversores van a rascar señal de cada palabra de la rueda de prensa porque el riesgo de verdad está en el tramo corto de la curva. El propio BMO recuerda que el dos años se ha movido de media 14bps en sus cinco comparecencias públicas al frente de la Fed. Poca broma: ahí es donde se cruzan el discurso de tipos y las expectativas más inmediatas.
La duda ya no es la subida, es lo que viene detrás
La gran pregunta del mercado sigue siendo la misma: si esta subida puede ser un one and done. No sería un asunto menor. No ha habido un movimiento así en lo que va de siglo, y desde TradingPRO recuerdamos que hay que irse a los años 1980 y 1990 para encontrar algunos precedentes. Fuera de esos episodios, el ciclo más corto del que hay registro sigue siendo el de cuatro subidas entre 1986-87.
Eso explica la tensión. La decisión ha salido por unanimidad y la gran mayoría de los dots apunta al menos a otra subida este año. Ahora bien, el mapa se rompe bastante más adelante: para el próximo año, la Fed aparece muy dividida y cuatro miembros ven al menos 2 recortes de tipos. El contraste llama la atención. Primero se aprieta por credibilidad; después asoma una institución mucho menos alineada sobre el rumbo.
También pesa el precedente político. En 2024, la Fed de Powell recortó 50bps dos meses antes de las presidenciales con el IPC subyacente en 3.3%. En 2026, la Fed de Warsh sube 25bps dos meses antes de las midterms con el IPC subyacente en 2.4%. El paralelismo es demasiado evidente como para pasarlo por alto, y deja otra derivada sobre la mesa: si Trump entra o no a comentar el movimiento.
Lo inmediato, de todos modos, no va de política sino de lenguaje. Warsh tiene que explicar por qué endurece en un entorno donde la inflación reciente ha dado algo de tregua, pero la macro manda señales más feas. Ese es el terreno clásico de la estanflación, el peor enemigo de cualquier banco central. Si convence de que la subida era necesaria y a la vez evita encadenarse a una guía cerrada, habrá salvado el día. Si no, el mercado hará lo que suele hacer en estos casos: mover papel, exigir prima en el dos años y forzar una lectura más dura o más blanda de la cuenta.