
El mercado pone un 75% de probabilidad a una subida de tipos en septiembre y ya descuenta 1.25 subidas hasta la reunión de diciembre. Justo ahí está el giro. Peter Tchir, de Academy Securities, sostiene que esa lectura va por el carril equivocado y que la Reserva Federal aún tiene margen para recortar en septiembre, incluso con el ruido inflacionista ligado a la inteligencia artificial.
El movimiento no es menor. Más aún cuando el propio Tchir venía de cambiar su visión sobre el tramo largo de la curva: pasó de bajista a neutral y recuerda que el bono a 10 años se ha movido esta semana del 4.46% al 4.37%. Su argumento es que Kevin Warsh, pese a su tono duro, estaría preparando el terreno para un recorte en septiembre e incluso otro en octubre, antes de las elecciones de mitad de mandato.
La tesis descansa sobre tres patas. La primera es geopolítica. La segunda, macro. La tercera, bastante incómoda para el consenso: que buena parte de los indicadores usados para medir la inflación llegan tarde o simplemente miden mal.
Irán no ayuda, pero tampoco rompe el guion
Tchir admite que en las últimas 24 horas han cambiado muchas cosas. Entre ellas, los ataques cruzados entre Irán y Estados Unidos del viernes y el sábado. Ahora bien, su escenario central no pasa por una ruptura total del alto el fuego ni por un nuevo shock petrolero.
Eso sí, llama la atención una idea que subraya y que no está precisamente en el foco del mercado: Estados Unidos vació la reserva estratégica de crudo, la SPR, “rápidamente y hasta su límite”, lo que había ayudado a contener el precio del petróleo, pero esa palanca ya apenas existe. A eso suma otro factor: aliviar sanciones al petróleo iraní podría ser casi tan relevante como reabrir el estrecho, porque permitiría sacar más barriles al mercado y mover con más flexibilidad los flujos que ya estaban saliendo por encima de los límites sancionados.
Si se rompe ese delicado equilibrio y vuelve a alterarse el comercio del crudo, la opción de un recorte en septiembre se complica mucho. Pero no es hoy su caso base.
La clave está en qué inflación mira la Fed
Aquí está el núcleo del debate. Tchir carga contra la insistencia del mercado con el PCE como “medida favorita” de la Fed y plantea que Warsh podría apoyarse en otras referencias para justificar una rebaja del precio del dinero sin desmentir su discurso duro contra la inflación.
Pone un ejemplo muy concreto: el alquiler imputado en el IPC estadounidense, el Owners’ Equivalent Rent of Residences. Según su análisis, ese componente no refleja bien la realidad actual del mercado inmobiliario. Recuerda que este indicador no tocó techo hasta mediados de 2023, con un máximo cercano al 8%, mientras Zillow había llegado a casi el 16% a comienzos de 2022. Traducción sencilla: la inflación real ligada a la vivienda golpeó antes y más fuerte de lo que recogieron las estadísticas oficiales.
Tchir rescata además otro índice menos conocido, el BLS & Cleveland Fed New Tenant Repeat Rent NTRR YoY index, que según él sigue bastante mejor la pista marcada por Zillow. Su lectura es clara: si la Fed quiere evitar repetir errores, tendría sentido basar su política monetaria en métricas más pegadas al mundo real.
La idea de fondo no cambia: el gran problema para los hogares sería la asequibilidad, no tanto una inflación todavía desbocada.
Esa misma lógica la aplica a Truflation. Según cita Tchir, su inflación subyacente está ahora en 1.45% y lleva por debajo del 1.8% desde febrero. También desliza otra pista política: Warsh habría insinuado que ver un dato “dos punto algo” podría bastar para acercarse al objetivo psicológico del 2%.
A partir de ahí encaja su relato completo: si la guerra entra en una fase más estable, si baja presión por energía y si gana peso una lectura alternativa de la inflación, entonces hay cobertura suficiente para pasar del discurso hawkish al recorte sin parecer improvisado.
Entre medias aparece otro frente que merece vigilancia: la economía dual entre IA y centros de datos frente al resto. El índice SOX marcó máximo el lunes y luego cedió casi un 10%. Micron provocó un rebote tras resultados el jueves, pero duró poco. Empiezan a surgir dudas sobre valoraciones, sobre cuánto cuesta realmente usar IA y sobre si ese gasto genera retorno suficiente. Incluso menciona rumores sobre un posible retraso de la salida a bolsa de OpenAI desde este año hasta 2027, aunque admite que no hay calendario oficial.
No parece todavía un problema sistémico. Pero sí una grieta visible. Y cuando empiezan a ampliarse los diferenciales de crédito en un sector tan caliente, conviene mirar dos veces antes de dar por hecho que todo ese papel seguirá encontrando comprador con la misma alegría.
La conclusión implícita del informe es sencilla: hoy Wall Street mira riesgo de subida donde Tchir ve margen para bajadas. Puede discutirse su tesis política o técnica. Lo difícil es negar que ha puesto encima de la mesa un camino plausible para septiembre.