
Un 13.5% en agosto no es ruido de mercado, es una señal muy importante que manda el mercado. El Bloomberg Agriculture Spot Index (BCOMAGSP), un íncide muy seguido para ver las commodities agrícolas, acaba de firmar su mayor subida mensual desde julio de 2012, cuando avanzó un 14.3% en plena primavera árabe y las revueltas se extendían por Egipto, Libia, Yemen, Siria y Bahrein.
El dato llama la atención por dos motivos. Primero, porque el índice, que sigue grandes cultivos y materias primas blandas, acumula ya un 39% de rebote desde su mínimo de 2024. Segundo, porque se está acercando a una ruptura de los máximos de 2023. Cuando una referencia así acelera a esta velocidad, deja de parecer un simple tirón técnico.
Y ahí está la clave. Wall Street empieza a tratar el asunto como algo más serio que una subida puntual en granos o azúcar. En TradingPRO ya viramos a una visión alcista hace meses y muchos grandes analistas de bancos de inversión vienen advirtiendo de lo mismo: los precios agrícolas están rompiendo al alza y el actual estrechamiento del mercado físico puede acabar derivando en una crisis alimentaria global el año que viene.

Escenario de TradingPRO
Los factores que convergen en el mercado forman una mezcla bastante incómoda: El Niño, el encarecimiento de los fertilizantes y del diésel, y las disrupciones en el Black Sea y el Strait of Hormuz, factores que tocan tres palancas clave del negocio agrícola a la vez: clima, energía y logística. Si fallan al mismo tiempo, la tensión acaba saliendo de la pantalla y llega a los costes reales.
El trasfondo energético refuerza esa lectura. Dos petroleros fueron alcanzados durante la noche en el estrecho de Ormuz (o Estrecho de Trump, como lo denomina POTUS) y el Brent se fue a la zona de $92.20, con una subida de alrededor del 2%, mientras el WTI cotizaba entre $87.80 y $88.00, con avances de aproximadamente entre el 2.3% y el 2.6%.
El combustible pesa en la siembra, en el transporte y en el procesado de alimentos.Y hay otra señal que pasa más desapercibida. El heating oil rondaba los $4.46, un 1.1% más, frente a una gasolina que apenas sumaba un 0.4% hasta aproximadamente $3.09. Siguen circulando análisis que sitúan los inventarios de destilados de Estados Unidos en mínimos de 23 años y entre un 13% y un 14% por debajo de las referencias estacionales. Las existencias de crudo, además, están un 6% por debajo de la media de cinco años tras una caída acumulada de 47.5-millones de barriles en ocho semanas.
En paralelo, los agrícolas siguen enseñando fortaleza propia. El trigo de Chicago subía aproximadamente entre un 1.5% y un 2%, moviéndose entre 772 y 785. La soja ganaba alrededor de un 1%, entre 1,288 y 1,301. Los comentarios sobre materias primas agrícolas apuntan a rupturas alcistas de largo plazo en trigo, soja y azúcar, mientras el algodón sigue con ganas. Sorprende que la señal sea tan amplia.
Eso sí, el complejo de materias primas no va en bloque. El oro caía por debajo de $4,400 con la rentabilidad del 10 años acercándose al 4.79%, la plata corregía en la zona de $65 y el cobre cedía cerca de un 1% pese al shock del petróleo. Esa divergencia dice bastante sobre el momento de mercado: crecimiento y tipos pesan en algunos activos, pero en alimentos y energía manda cada vez más la escasez física.
Si el impulso continúa, el BCOMAGSP tiene a tiro los máximos de 2023. Y eso cambia el tono de la conversación. Ya no hablaríamos solo de una rotación sectorial hacia materias primas, sino de una advertencia bastante seria sobre inflación alimentaria y sobre el riesgo de que el actual apretón del mercado físico vaya a más el año que viene.