
El dato que más ruido ha hecho en Sintra no salió del cuadro macro. Salió de los pasillos. El BCE estudia elevar el coeficiente mínimo de reservas de la banca del 1% al 2%, según Reuters, y el movimiento no es menor aunque no cambie gran cosa en términos de política monetaria.
La clave está en otro sitio: la factura. El BCE sigue pagando más intereses por el exceso de reservas aparcado por los bancos que lo que ingresa con los activos que mantiene en cartera por los programas de compras. Ese descuadre ha dejado ingresos netos por intereses en negativo y ha empujado a varios bancos centrales nacionales a pérdidas en los dos últimos años. No pone en riesgo al sistema, pero la imagen pesa. Y la sensibilidad política, también.

No sería la primera vez que Fráncfort mete mano a este asunto. Ya en 2023 modificó la remuneración de las reservas mínimas, también con el ahorro rápido como telón de fondo. La subida de 25 puntos básicos del mes pasado ha reabierto ese debate con más urgencia. Llama la atención que una herramienta poco potente para afinar el tono monetario vuelva a escena precisamente por una cuestión contable.
Sintra protege la independencia, pero Washington no afloja
En paralelo, la reunión anual del BCE dejó una defensa bastante explícita de la independencia de los bancos centrales. Los cuatro responsables monetarios presentes en el panel, incluido el presidente de la Fed, Warsh, respaldaron esa idea. Warsh fue tajante al sostener que la Reserva Federal actuó con independencia antes del fallo del Tribunal Supremo y seguirá haciéndolo después.
El problema es que el frente político sigue abierto. El Supremo mantuvo por ahora a Cook en su puesto dentro del FOMC, pendiente del “due process”, pero eso no impide que Trump siga intentando apartarla. A la vez, el tribunal tumbó un precedente de nueve décadas para dar al presidente de EEUU más margen a la hora de destituir a jefes de agencias federales.
Eso sí, los jueces marcaron una diferencia importante con la Fed. Reconocieron que el banco central juega en otra liga y recordaron que el Congreso fijó expresamente que un gobernador solo puede ser cesado “for cause”, precisamente para evitar que quede al albur del presidente de turno. Y añadieron algo relevante: ese listón no es bajo. Habrá pelea jurídica sobre qué encaja exactamente en ese “for cause”. Bloomberg cuenta que la Administración Trump está redoblando sus esfuerzos para remodelar el banco central y colocar más aliados dentro del FOMC.
La independencia se defendió con palabras en Sintra; ahora falta ver cuánto aguanta cuando suba el volumen político en Washington.
Warsh, además, insistió en su rechazo a dar forward guidance. No quiso entrar ni en las implicaciones de los últimos datos ni en qué series sigue con más atención. El mercado, claro, hizo su propio trabajo.
Empleo débil en EEUU y algo más de oxígeno para la renta variable
Los datos laborales enfriaron expectativas. Las nóminas no agrícolas sumaron solo 57,000 empleos en junio y el dato de mayo se revisó desde 172,000 hasta 129,000. Tampoco convenció la foto del paro: bajó al 4.2% desde el 4.3%, pero por una caída fuerte de la población activa. La participación retrocedió incluso más deprisa que el empleo medido por la encuesta a hogares.
Dicho claro: tanto la encuesta a empresas como la de hogares dibujan un mercado laboral débil en junio. Con ese telón de fondo, el mercado monetario estadounidense recortó algo su apuesta por nuevas subidas de tipos de la Fed. Ese alivio dio cierto apoyo a las bolsas.
También ayudó otra vieja conocida: la fiebre por la inteligencia artificial. El Kospi surcoreano tiró del carro y Samsung Electronics destacó con una subida del 8% tras publicarse que habría logrado un pedido de Anthropic para chips personalizados de IA.
Fuera del mercado puro, las conversaciones entre EEUU e Irán en Qatar terminaron sin grandes sobresaltos, aunque con tensión evidente bajo la superficie. The Washington Post asegura que cargos estadounidenses temían un intento israelí de asesinar al equipo negociador iraní durante las conversaciones e incluso enviaron una advertencia a Teherán. Trump dijo después a CNBC que Irán había aceptado “prácticamente todo lo que necesitamos”. El atasco real parece otro: Washington exige que Teherán cumpla primero antes de liberar activos congelados; Irán reclama justo lo contrario. Y luego está Ormuz: EEUU rechaza cualquier peaje o control iraní, mientras varios líderes europeos ya asumen que algunas tasas son difíciles de esquivar.