
Hablar de racionalidad o intentar explicar el comportamiento de una acción en el ámbito bursátil siempre ha sido un tema, cuando menos conflictivo, pero sin duda algo de objetivo debe esconderse tras unos hechos, aunque para un simple observador las verdaderas razones resulten desconocidas. Por eso, observando el comportamiento de la acción de Telefónica, una compañía de la importancia estratégica a nivel nacional e internacional: viendo con objetividad sus datos financieros y su trayectoria de beneficios, recientemente publicados, y comprobando, al margen de cualquier tecnicismo, como desciende su cotización en bolsa, solo cabe pensar que los datos publicados, cosa casi imposible con el nivel de vigilancia y control que hoy existe en tales corporaciones, sean falsos. ¿No será que ese comportamiento esté reflejando otra realidad que directamente nada tiene que ver con la compañía en sí?
No hace falta ser un genio para deducir que lo que se oculta tras ese descenso se debe a razones ajenas a la compañía en sí, más bien todo lo contrario, precisamente por ser una compañía de esas características: gran capitalización, importancia y peso nacional, cotización internacional, una contabilidad trasparente y sobre todo gran liquidez, resulta ser la víctima involuntaria de un movimiento importante de desinversión en España. ¿Por qué? para aligerar carteras, generar liquidez o mantener una posición, pero reducir el nivel de riesgo país. Este es un hecho que ya hemos visto en el pasado, resulta paradójico que precisamente son las acciones de calidad y que tienen liquidez, las que más caen en las correcciones severas, por una simple razón: son en primer lugar las que pueden absorber esa venta sin provocar la ruina del activo subyacente. Por ello ante una corrección debemos valorar este hecho al calibrar las cotizaciones de determinados títulos. Esto tampoco debe hacernos olvidar la situación general.
Si solo fuera Telefónica la que estuviera sufriendo la presión vendedora sería preocupante para la compañía, pero en realidad, si observamos el comportamiento de todas aquellas acciones clave de la bolsa con peso específico nacional e internacional, liquidez y una solvencia, empresas que son vertebrales en la economía española, vemos que todas ellas han estado bajo una presión vendedora muy importante: en resumen las estrellas del Ibex los refugios de la inversión conservadora en España están siendo vendidos porinversores institucionales. Desconocemos las cifras reales concretas, pues esta desinversión puede derivarse a través de múltiples vehículos instrumentales, pero lo que es innegable es que esa desinversión se está produciendo más allá de la pura y dura especulación en el corto plazo.
Si somos sinceros y reconocemos humildemente como españoles, que, en gran parte, esa falta de confianza en el mercado hispano es lógica, ante la falta de reacción de una gran parte de nuestra ciudadanía ante el desastre político al que estamos asistiendo, la falta de sentido común de una población inmersa en una pantomima politiquera fuera de la realidad, no es tanto por una crisis económica grave, que de alguna manera afecta a todos. Lo que aterra, y de eso en España estamos tan envueltos en nuestra propia realidad virtual que casi no nos damos cuenta es del ridículo que estamos haciendo a nivel nacional.
Pensemos por un momento simplemente en el espectáculo al que estamos asistiendo estos días pasados con el tema de los presupuestos generales del estado: “Una serie de personas, diputados, que se supone con una preparación seria (se supone, y eso también forma parte del circo) discutiendo sobre unos ingresos que se sabe de antemano que no son factibles, unos gastos desbocados en función de los mismos insostenibles, y ¡Oh sorpresa! De lo que se discute es de si hay que presionar a una multinacional para que traduzca más series televisivas a una de las lenguas regionales, o de los derechos inalienables de una mítica “patria vasca”, el regreso de terroristas a su territorio para ser excarcelados, de una amnistía a unos transgresores de la ley condenados por el tribunal supremo, o cualquier ocurrencia radical de un profeta al uso, todo menos la cruda y dura realidad de la economía. ¿Para qué? Como la condición para aprobar o rechazar una entelequia, como la base para llegar a un pacto que le permita a este gobierno seguir en el poder a costa de lo que sea ¿Tiene esto algo que ver con una discusión seria sobre lo que vamos a ingresar, cómo lo podemos distribuir y gastar para beneficio de todos los españoles? Pues no… ¿Qué pensaría un inversor celoso de sus ahorros viendo semejante coro de aplausos y escuchando tales discursos? Por no mencionar el que un gobierno de la Unión Europea haya declarado que pensaba meterle la mano en la caja a una serie de empresas privadas, claves para el mantenimiento y desarrollo de España para repartir el dinero entre usuarios y votantes junto a prebendas en dinero efectivo a una serie de colectivos que le hacen la ola…
No es de sorprender que quieran disminuir su exposición a este país, mientras dure al menos esta enajenación colectiva, que para colmo parece que sigue teniendo muchos votantes partidarios de seguir con el reparto. Por no mencionar los infantilismos que abundan entre aquellos que se supone están en la oposición: ¿Qué pinta esa rabieta de Casado y su comparsa intentando neutralizar el efecto ola esperanzador que ha levantado la Presidenta de Madrid? ¿Es que no se dan cuenta que si es por España qué más da quien presida? Lo que importa y es vital es que los actúales equipos incompetentes de gobierno abandonen el poder, pues si no lo hacen llevarían a España a una situación materialmente insostenible. Toda la oposición debe ser una piña para que cuanto antes se convoquen unas elecciones y los ciudadanos despierten de este largo letargo político inducido por la mala voluntad de algunos, la ingenuidad de la mayoría, la pasividad de otros. La sensatez debe volver a ocupar el lugar que le corresponde en la gestión y administración del país y aparquemos esta absurda y omnipresente politización de la imprescindible función de gobernar.
España y los españoles a pesar de nosotros mismos, como nación tiene infinitas ventajas y virtudes, tanto para la inversión, la residencia, y la calidad de vida en general, por ello no han dejado de acudir extranjeros y sus inversiones a este país de forma continuada durante tantos años; no destruyamos nuestra herencia y futuro por frivolidades políticas. No podemos olvidar que a pesar de nuestra situación privilegiada más del 40% de la bolsa española está en manos extranjeras, esta es una estimación conservadora, y eso supone la mayoría de nuestras empresas importantes, no quiero pensar, si a esa inversión institucional se le suma en la retirada la concreta, directa e indirecta, en miles de pequeñas empresas e inmuebles cual sería nuestra situación...
Tribuna de opinión por Vicente Vaquero