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Vicente Baquero6 de marzo de 2022

EL LARGO PLAZO DE LA INGENUIDAD

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¿De verdad estamos ante simple imprevisión, falta de competencia, o absoluta pereza para enfrentarnos a una realidad desagradable? En estos momentos con todo Occidente mesmerizado, con toda razón, por la brutal agresión rusa a Ucrania, parece que no tenemos más problemas urgentes y vitales, sin duda menos aterradores que una conflagración nuclear, pero igualmente letales para quienes los padecen, y los tenemos, también al “lado de casa” de consecuencias gravísimas, y como no vuelan las bombas, de momento, se están marginando. Parece que no están ahí, que no existen o si existen los aparcamos hasta que no los tengamos encima.

Los países anglosajones han acuñado hace años un término muy apropiado que refleja una realidad más menos incontestable como concepto socio político que va más allá del carácter coyuntural de  la pura  existencia de estados o naciones individuales, tal como se han ido formando a lo largo de la historia: la “Anglosfera”.  Creo que el concepto es asimilable y acertado para referirse a una situación, indefinible con claridad o exactitud, pero que si pone de manifiesto una realidad comprensible sobre todo desde una óptica externa a ella misma.

Siguiendo ese mismo criterio filosófico cultural de agrupamiento, podríamos también afirmar que existe una “Iberoesfera” y es sobre la situación patética en la que esta colección de naciones se encuentra en estos momentos, y la indiferencia que esta situación, al menos aparentemente, parece prevalecer entre nuestros poderosos vecinos, que ahora están tan consternadas por la tragedia ucraniana, sobre la que me gustaría llamar la atención. Creo que no vemos la bomba de relojería que tenemos en toda Sud América. De España en estos momentos prefiero pasar, el grado de degradación política al que hemos llegado como nación, entre nosotros mismos sobre todo, y de cara al concierto europeo-norteamericano es tan evidente que prefiero ni mencionarlo. 

La situación existente al sur del Rio Grande, debería ser igual de preocupante que un conflicto en Europa, al menos para los Estados Unidos y Canadá, y cuando el hecho sea evidente, y reviente, pues que nadie tenga dudas que puede reventar, sobre todo si enemigos geoestratégicos empiezan a interferir en el futuro político de esas naciones. El objetivo es de una claridad meridiana: desestabilizar a sus vecinos del norte y ponerle a la puerta regímenes y sistemas contrarios a sus intereses. No es ninguna novedad ya desde tiempos de la URSS era prioritaria, la experiencia cubana no es más que el botón de muestra, en el caso de Chino se unen a su vez intereses de explotación. Hoy mismo, los herederos de aquella situación saben perfectamente dónde y cómo se puede hacer daño,  presionando  para chantajear en el juego geopolítico mundial. Con la eclosión de una dictadura narco socialista sumada a Cuba en Venezuela, regímenes como Nicaragua,  Perú, Bolivia, Chile hoy, y gobiernos en México y Argentina en el mismo bando todos en el nada discreto foro de Sao Paulo, y una Colombia y un Brasil al borde, no creo que podamos sinceramente rechazar la hipótesis de que el pulso geopolítico frente a Occidente, concretamente contra la hegemonía norteamericana, en el mundo va a provenir del sur de sus fronteras.

Ucrania desde su punto de vista, aspiraciones, justificadas o no, e intereses estratégicos podrá ser un riesgo para Rusia, tal como la entiende Putin en estos momentos, pero lo que no le cabe duda a los actuales pretendientes a tener una capacidad de decisión en el mundo futuro, es decir predominio hegemónico, es que EEUU tiene un punto débil al sur y que el aprovecharlo forma parte de la panoplia de armas a su disposición.

Lo que resulta sorprendente es que la inteligencia norteamericana lleve años sin tomar medidas proporcionales para atajar esa posibilidad.  ¿Cómo es posible que hayan permitido que tal cosa ocurriera? No entro en consideraciones éticas, legales o diplomáticas, aquí estamos hablando pura, dura y llanamente de geopolítica, de la más cruda objetividad, no es escándalo lo que me produce sino sorpresa. Cualquier lectura medianamente inteligente del pasado nos ilustra sobre cómo se desarrollan estos fenómenos  de supervivencia y  poder. ¿Sera tan confiada la arrogancia que nos confunde que ciega a la hora de evaluar el riesgo que supone esa situación?

No entiendo cómo se pueda mantener tal pasividad en un trozo de mundo tan próximo a nosotros, precisamente en España por ser parte de esa “Iberosfera”  que ni siquiera, a la hora de mover a nuestros aliados, podamos convencer del peligro que subyace en esa situación  de atraso, subdesarrollo y opresión ciudadana  y sobre todo, dado su poderío y proximidad, a los EEUU que sigan tolerando esa amenaza latente en su patio trasero.

Cuando se produzca esa desgraciada situación crítica, en algún momento del futuro, dentro de ese capítulo llamado “largo plazo”, tan odiado por los políticos al uso, la escusa será: “¿Quién lo iba a prever?”  entonces vendrán los lamentos y las protestas airadas. Espero sinceramente que esta desgraciada, cruel, y horrible guerra en Ucrania, sirva para despertarnos a la realidad de que en el mundo hay intereses, instituciones  y personas objetivamente perversas, personas que no reparan en medios para alcanzar sus fines, que de alguna manera hay que adelantarse, aunque duela, no todo defecto de personalidad es una enfermedad, que comentaba un célebre psiquiatra, cuyo nombre discretamente evito,  sobre Putin y su corte. Hay muchos como ellos por ahí sueltos esperando su ocasión y buscando su sitio. Sud América es un polvorín al borde del caos, estamos a tiempo de evitarlo. Hay muchos polvorines pero este es el nuestro.



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