
$760 billion de gasto y solo $211 billion de coste reconocido, ahí está la trampa contable que empieza a asomar bajo el rally de la inteligencia artificial. Los beneficios llegan, sí, la caja, sin embargo bastante menos. Y ese desfase es el que puede machacar a WallStreet, el anticipo lo vimos con Google.
La temporada de resultados del segundo trimestre avanza con una rareza poco habitual: las cuentas baten o igualan unas previsiones que, lejos de recortarse con el paso de los meses, han ido subiendo. Para 2026, el mercado espera que el S&P 500 encadene un segundo trimestre seguido con crecimiento del beneficio por encima del 20%. Eso choca con la pauta normal. En los últimos cinco años, el consenso había rebajado a estas alturas las estimaciones anuales en torno a un 2%. Esta vez ha ocurrido lo contrario: la previsión de crecimiento del beneficio para todo 2026 ha pasado de cerca del 14% en febrero a más del 23% ahora.
El motor de esa mejora está muy concentrado: semiconductores e infraestructura para IA tiran del carro. El problema es cómo se reparten los tiempos entre quien vende y quien compra. Nvidia registra ingresos y margen casi al instante cuando coloca un chip. El gran comprador, el hiperescalador, manda ese desembolso al balance y lo va llevando a resultados poco a poco vía depreciación. Es decir, el vendedor enseña músculo hoy; el comprador difiere parte del golpe para más adelante.

Se dice en WallStreet que el flujo de caja NUNCA engaña.
Eso explica por qué ahora “todo parece ir bien”, pero llama la atención que luzcan fuertes a la vez tanto los fabricantes como quienes están levantando centros de datos a toda velocidad. No hay nada irregular en ello, es contabilidad básica. Lo distinto esta vez es la escala del gasto.
Los cinco grandes hiperescaladores —Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— gastaron alrededor de $412 billion en capex en 2025. Para 2026, las estimaciones apuntan a unos $760 billion. Frente a eso, la depreciación y amortización ligada a ese despliegue apenas rondaría $211 billion en 2026.
Dicho sin rodeos: hay $549 billion que todavía descansan en el balance esperando su turno. Pasarán por la cuenta de resultados después, cuando esos equipos entren en servicio y empiece a correr el reloj de la depreciación. Y una parte relevante ni siquiera está operativa aún porque muchos centros de datos siguen construyéndose.
La mejor prueba no está en el beneficio, sino en la caja. Para 2026, el flujo de caja libre conjunto de esas cinco compañías se proyecta con una caída del 91%, hasta unos $16 billion, mientras el beneficio neto subiría un 25%, hasta cerca de $506 billion. Se puede ganar medio billón sobre el papel y generar casi nada de caja al mismo tiempo. Sorprende, pero no es fraude; es calendario contable.
Alphabet dejó un ejemplo muy visible hace unos días. El titular fue un beneficio disparado un 294%. Si se descuenta una ganancia contable de $99 billion por sus participaciones en Anthropic y SpaceX, el beneficio por acción quedó alrededor de $2.85, frente a una previsión de $2.88, con el negocio principal creciendo un sólido pero bastante corriente 30%. En paralelo, gastó $44.9 billion en proyectos de capital durante el segundo trimestre, más del doble que un año antes, y su flujo de caja libre cayó a - $5.9 billion, pese a registrar $40.8 billion de beneficio operativo.

Esta imagen explica la caída del 8% de Google tras presentar resultados.
Aquí aparece otra grieta que el mercado está pasando por alto: los analistas no modelizan bien esa futura depreciación. En Meta, mirando ya a 2028, la desviación estándar de las previsiones de ingresos equivale solo al 4% del promedio. En depreciación y amortización se dispara al 24%, seis veces más. Dicho en castellano: hay bastante acuerdo sobre lo que venderá Meta y mucho menos sobre lo que le costará mover toda esa maquinaria.
Las razones son bastante claras. Estas empresas han pasado hace poco de modelos ligeros en activos a estructuras intensivas en capital; apenas hay histórico útil. También tienen margen para estirar o acortar la vida útil asignada al equipo, algo que cambia mucho la factura anual por depreciación. Y parte creciente del despliegue se financia fuera de balance.
Es evidente la preocupación. El mercado paga hoy múltiplos exigentes sobre unos beneficios cuya mayor partida futura de coste sigue sin estar clara.
A precios actuales, el S&P 500 cotiza alrededor de 22 vecen beneficios esperados, por encima de su media histórica. Si esos beneficios futuros aún no recogen toda la carga del capex en IA, ese múltiplo real es más alto de lo que aparenta en pantalla. Y ahí entra otro riesgo: la concentración. Buena parte del tirón del índice depende de muy pocos nombres y varios cargan con esta misma factura diferida.

La tesis optimista existe: que el capex desacelere tras 2026, los ingresos sigan subiendo y el flujo de caja libre rebote con fuerza hasta $185 billion en 2028 y $387 billion en 2029. El problema es que esa historia exige disciplina inversora donde todavía no se ve demasiada. De hecho, Alphabet elevó su presupuesto de capital para 2026 hasta un máximo de $205 billion, desde $190 billion apenas un trimestre antes, y adelantó que el gasto volverá a crecer con fuerza en 2027.
No está en discusión si la IA es real o no; claro que lo es, lo que está sobre la mesa es algo más incómodo: si las cotizaciones ya descuentan un aterrizaje limpio justo cuando la depreciación pendiente sigue siendo una incógnita considerable. Cuando uno solo mira beneficio puede perderse media película. Y ahora mismo esa media película pasa por la caja.
Autor: Jose Basagoiti, economista jefe TradingPRO.