
Dos meses, ese es el margen extra que Washington y Pekín se han concedido en su tregua comercial, y a la bolsa china le ha parecido insuficiente. El CSI 300 cayó un 1,7% en la sesión nocturna, mientras el Hang Seng China Enterprises Index recortó pérdidas y cerró plano. Había papel desde la apertura: parte de Wall Street esperaba una prórroga bastante más larga, de tres a seis meses, y algunas mesas hablaban incluso de +6 meses.
La extensión hasta el 10 de enero quita de en medio una fuente inmediata de incertidumbre, no mucho más. El mercado no la ha leído como el paso previo a un acuerdo duradero entre Estados Unidos y China, sino como una pausa técnica que deja casi intactas las dudas sobre el comercio global y sobre la relación entre las dos potencias.
Tampoco ayudó la venta global de bonos, que cogió velocidad después de unos datos de Estados Unidos mejores de lo esperado el miércoles y de una demanda floja en una subasta de Treasuries. Con el miedo a más endurecimiento de la Reserva Federal de vuelta sobre la mesa, la renta variable asiática encontró poco apoyo.

Las probabilidades de subida de tipos para octubre ya están en el 73%.
Wendy Cutler, exnúmero dos en funciones del Representante Comercial de Estados Unidos, puso palabras a lo que descuentan ahora los inversores. En Bloomberg TV sostuvo que una prórroga tan breve refleja el descontento de Trump con las exportaciones chinas de tierras raras y con las compras agrícolas de Pekín. Su lectura va un paso más allá: China quería estirar la tregua hasta el final del mandato de Trump, pero Washington ha preferido dejarla en solo dos meses.
Desde TradingPRO esperábamos una extensión de seis meses, por lo que entendemos la decepción del mercado. La atención de las mesas ya no está en la foto del encuentro, sino en la duración real de la tregua y en si alguna de las dos partes pone concesiones concretas sobre la mesa.
La visita de Xi a la Casa Blanca, la primera desde septiembre de 2015, llega con una agenda muy cargada. Hay reuniones bilaterales, ceremonia en el South Lawn y una cena de gala con nombres de peso del sector tecnológico como Jensen Huang, Elon Musk y Sam Altman. También figuran en el programa un té privado con los Trump y una visita a los National Archives. Mucha escenografía. Pocas expectativas de un gran giro.
Los asuntos pendientes son de los que pesan.
Las conversaciones comerciales giran alrededor de la duración de la tregua arancelaria, de una propuesta comercial que abarcaría alrededor de $30 billion en bienes por cada lado, y de posibles compras chinas de soja, aviones de Boeing y LNG. Encima de la mesa siguen también las tierras raras, las restricciones tecnológicas, Irán y Taiwán.
El frente de la inteligencia artificial añade más fricción. Los modelos chinos open-weight de bajo coste están presionando a los laboratorios punteros de Estados Unidos y estrechando sus fosos competitivos. Ahí entran las restricciones a chips avanzados, las acusaciones de que firmas chinas han destilado modelos estadounidenses y hasta la idea de una línea directa específica sobre IA.
JPMorgan, Deutsche Bank, TD Cowen y Raymond James comparten una idea bastante sobria: de esta cumbre saldrán avances limitados. Viéndolo así, la reacción de la bolsa china encaja. El mercado ha dejado claro que, con una tregua tan corta, no está dispuesto a pagar por adelantado un acuerdo que todavía no ve.