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Vicente Baquero25 de marzo de 2021

BOLSA E INVERSIÓN

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Hace poco me preguntaba el hijo de un buen amigo lo que opinaba sobre  invertir en bolsa como medio  para disponer de una reserva económica de cara a la jubilación, lo que me volvió plantear la gran pregunta, tras toda una vida profesional siguiendo y participando en este mundo a nivel nacional e internacional, tanto en activos financieros convencionales como derivados,  materias primas, presentes y futuros, y haberme leído docenas de tratados y cientos de artículos: ¿Cuál es la fórmula  más adecuada para invertir en general, y muy especialmente de cara a la disminución segura de ingresos que se producirá indefectiblemente al abandonar la vida activa?

Es evidente que la respuesta a esta pregunta podría ocupar bibliotecas, casi tantas como personas, lo único que aquí pretendo es dejar sobre la mesa algunas ideas base que sirvan de meditación para aquellos que estén plateándose el problema.

Lo primero que hay que dejar claro es que no hay fórmulas mágicas, las circunstancias cambiantes particulares así como de todo entorno político, social y económico pueden alterar cualquier programa por bien diseñado que estuviera, (los famosos “cisnes negros”) lo que no impide tener un criterio respecto a cuál es la manera más razonable, la que tiene las mayores probabilidades de éxito, así como definir cuáles son aquellas que difícilmente  nos proporcionarán el resultado  apetecido, o al menos, cuando nos sumerjamos en ese mundo, seamos conscientes de lo que realmente buscamos en la inversión: Inversión o juego. Sin ningún reparo al juego, que también es una actividad respetable siempre que se respeten las normas.

 Lo que la experiencia nos ha enseñado es que los plazos y la oportunidad, lo que los anglosajones llaman “timing”, que podríamos traducir en sentido amplio como los “momentos de entrada y salida de una inversión”, son tanto o más importantes que el activo escogido en sí mismo, y ese factor no solo para el corto plazo, en el que es absolutamente crucial, sino de cara al horizonte de inversión a largo de cada uno.

 Uno de los mayores inconvenientes con el que nos enfrentamos a la hora de plantearnos  una inversión, esta es una reflexión que casi podría extenderse a cualquier decisión importante en la vida, es que nuestro sentido del “tiempo” nuestros ciclos personales, nuestros deseos y nuestras ansiedades no tienen por qué coincidir con los ciclos de los mercados, en ocasiones podemos ir en paralelo pero lo más normal es que nos adelantemos o nos retrasemos, este desajuste entre nuestra acción y la del mercado fluctuante es casi imposible de apreciar en un entorno bursátil que se estructura a la medida de nuestro entendimiento en el corto plazo. Esta falta de sincronía, mínima en el caso de los mercados, resulta   indiscutible cuando lo elevamos a otros campos donde la diferencia es tan evidente que no requiere, salvo para algunos visionarios mesiánicos, demasiadas explicaciones, los ciclos históricos, biológicos o geológicos, por ejemplo. No nos extendamos en el tema, recomiendo para el que desee profundizar en el tema que se lea las teorías de ondas del economista ruso Nicolai Kondratieff para el largo o a Robert Prechter basándose en las ondas de Elliot para períodos más cortos.   

kondratieff cycle

¿Qué inconveniente presenta esta falta de adecuación de los “tiempos”? Pues es obvio que cuanto más largo sea el plazo al que invirtamos más posibilidad tenemos de acertar con el activo que hemos escogido, obviando fluctuaciones coyunturales. Por supuesto la calidad del activo es esencial, pero su comportamiento a lo largo del tiempo experimentará variaciones, en ocasiones importantes, pero si nuestra elección es correcta, a la larga, cumplirá la tendencia que hemos previsto. Si por el contrario nos estamos moviendo en el corto plazo podemos evidentemente acertar y generar beneficios en varias ocasiones, pero igualmente podemos perdernos el grueso del movimiento total, salvo que seamos adivinos.

Pocas veces he visto que esa frecuencia de éxitos se mantenga mucho tiempo. Es cierto que determinados inversores basándose en técnicas “chartistas” o de gráficas de comportamiento de precios, pretenden en base a una serie de frecuencias estadísticas llegar a un método para pronosticar dichos movimientos y no dudo que sean instrumentos que ayuden al proceso de toma de decisiones, lo que tengo son muy serias dudas que puedan ser decisivas a la hora de determinar el éxito o fracaso de una operación.  Ya lo decía el famoso general Mac Arthur muy rotundamente “La victoria carece de substitutos…

  •  Por tanto, como primera norma: El plazo. Una vez determinada la capacidad inversora de cada uno y cubiertas las necesidades básicas, que incluyen una vivienda, por ejemplo, es clave, sobre todo la constancia a la hora de añadir recursos a lo largo durante el mayor tiempo posible. Simplificando: si empezamos a crear una reserva en cuanto nos lo permita nuestra vida laboral iremos acumulando un capital.
  •  El activo: En un plazo largo, por largo entiendo el de una vida laboral 30-40 años, la renta variable es sin duda un activo preferible, pues la renta fija se descapitaliza a medida que la inflación y las necesidades de crédito de los estados vayan erosionando el poder adquisitivo de la moneda.
  •  La composición de la cartera: lo más diversificada posible geográfica y por sectores, sin embargo, evitar la dispersión de títulos: Pocos y de calidad.
  • ¿Qué hay que vigilar en la cartera? No se puede dejar de seguir la inversión, no como si se fuera un profesional que se dedica al movimiento día a día, pero sí tener una información relevante sobre la marcha de la empresa en su contexto económico.  Hay sociedades que han sido claves en la marcha de la economía mundial y que prácticamente han desaparecido: US Steel, Bethlehem, Xerox, Kodak, Woolworth, Austin, Marconi… Cuidado con la “Obsolescencia” y atentos a las innovaciones tecnológicas, así como al juego de las maniobras corporativas. Compañías que eran seguras y estables bien capitalizadas, fueron descoyuntadas por grupos para aumentar su exposición crediticia y acabaron quebradas. La movilidad reducida no implica inmovilidad.
  •  Evitar costes recurrentes, comisiones, gastos de gestión innecesarios. Siempre nos encontraremos ante el dilema de buscar asesoría y como valorarla, pues existe una cierta incompatibilidad de intereses entre aquellos que profesionalmente trabajan en el sector y los clientes, unos obtienen sus ingresos según el movimiento de las carteras administradas, o aplican con frecuencia, sobre todo en la inversión internacional, unos pingües gastos de gestión en cascada que unidos a los gastos fiscales hacen casi inviable la obtención de un beneficio salvo que se produzca unas subida considerable, y sin embrago con una ligera bajada cualquier beneficio se vería borrado por los gastos. No se puede perder de vista que un gasto del 2% a lo largo de 20 años es mucho dinero.

Resumiendo: Objetividad, tiempo, paciencia, constancia, atención, diversificación, control de gastos, en activos inmobiliarios habitables y renta variable, son consejos válidos para cualquiera que esté pensando en su futura jubilación.

 Otra cosa es el juego de la bolsa y sus derivadas, una actividad igualmente adecuada y necesaria para la buena marcha de los mercados, aunque solo para ciertos caracteres y momentos, tema apasionante que reservaremos para otro día.

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