
La última vez que bitcoin y el oro estuvieron tan acompasados fue en 2020, con los estímulos del Covid inundando el sistema. Ahora la foto se repite. La correlación entre ambos activos acaba de tocar su nivel más alto en seis años, una señal de que el mercado vuelve a comprar la misma idea: protegerse frente a la degradación de las divisas.
El movimiento choca con una costumbre muy vista en los últimos tramos del ciclo, donde Bitcoin quiso jugar el papel de oro digital, pero en demasiadas sesiones cotizó como otra pieza del universo tecnológico: apetito por riesgo cuando entraba dinero, recortes severos cuando tocaba soltar posiciones. Eso desdibujó bastante su perfil defensivo. La cosa ha cambiado y la correlación de bitcoin con la bolsa ha caído a mínimos de un año, lo que apunta a cierto desacople entre los llamados activos duros y el mercado de acciones.
Ese giro viene de una intervención mucho más visible del Gobierno de Estados Unidos en el tablero macro. El catalizador llegó el mes pasado, cuando el Tesoro anunció que iba a más que doblar el tamaño de sus recompras de deuda pública. Bitcoin reaccionó con fuerza y firmó su mejor racha en tres años, además de su tercer mejor agosto de siempre. No suele ser una coincidencia menor.
Cuando el Tesoro dejó ver que intentaría contener los costes de financiación a largo plazo, el dólar perdió fuelle y el dinero volvió a buscar cobertura en oro y bitcoin. Ahí reaparece el llamado debasement trade, muy comentado el año pasado.

Es la estrategia de comprar activos que puedan conservar valor cuando crece el miedo a que una divisa valga menos.
Llama la atención que todo esto coincidiera con otro dato pesado. Esa misma semana, el Tesoro informó de que la deuda pública de Estados Unidos superó por primera vez los $40 trillion. El umbral tiene carga simbólica y también práctica. Cuanta más percepción de exceso de deuda hay, más dudas afloran sobre la solidez del dólar. Y cuando esas dudas suben de tono, el papel refugio vuelve a tener demanda.
Desde TradingPRO llevamos meses repitiendo lo mismo: los inversores ya no están eligiendo entre oro o bitcoin para cubrirse frente a la devaluación monetaria. Están comprando ambos. Ese matiz explica bastante bien lo que está pasando con la correlación y también por qué bitcoin empieza a separarse del patrón típico de activo puramente especulativo.
Bitcoin volvió a acelerar la semana pasada y llegó a negociarse cerca de $81,500. Si esa relación con el oro aguanta, la narrativa del activo puede girar de verdad. Sus primeros quince años estuvieron marcados por la etiqueta de activo de riesgo. Que empiece a cotizar con reflejos de cobertura frente a la erosión monetaria sería otra historia. Y el mercado, cuando detecta un cambio de régimen, rara vez tarda en mover papel.