
La economía se ha devastado, se ha descapitalizado y va a ser necesaria una reestructuración parcial de la misma. Voy a tratar exponer si esta reorganización se debe hacer de forma natural o planificada, es decir, si hacerla desde el enfoque libre de la escuela austriaca o desde la planificación central keynesiana, que es por la llevan optando los gobiernos en las últimas décadas.
Actualmente, la gran ventaja, es que, a diferencia de la crisis de 2008, ahora no venimos con burbujas aparentes en la actividad económica, ni en el ladrillo, ni en el sector financiero (de momento). Otra cosa son los activos de riesgo, que si muestran una valoración muy peligrosa y unas expectativas quizá algo distorsionadas. Pero en la propia actividad productiva, al ser una crisis exógena y muy focalizada en ciertos sectores, no hemos visto un sobrecalentamiento extremo.
Por lo tanto, no estamos hablando de una economía que venía considerablemente inflada o manipulada, de esta manera, más que reestructuración debemos hablar de recapitalización (sectores funcionales y productivos que simplemente necesitan inyecciones de ahorro o inversión). Y serán solo en ciertos sectores, que ya venían muy heridos, los que sí que habrá que reestructurar.
Esta gran recapitalización y pequeña reestructuración se va a hacer de forma planificada, es decir, será el gobierno el que decida cuánto, cómo y dónde se distribuirá el capital para reflotar la economía. Ahí, ya podemos ver varias ineficiencias que derivan todas en una potencial mala asignación de capital. Voy a tratar de resumirlas en tres:
Esas tres variables, como ha pasado siempre, hacen que se haga una mala asignación de capital. Y ésta, en última instancia, deriva en una transferencia de músculo y recursos de los sectores productivos a los sectores improductivos. Los desajustes que este proceso crea, no son muy visibles en el corto plazo, pero en el largo tremendamente perniciosos.
¿Por qué, entonces, no dejar que la reestructuración se haga sola o, por lo menos, con la mínima intervención posible?
Bueno vivimos en un sistema y una cultura totalmente paternalista. Se ve éticamente mal dejar caer sectores, aunque sean éstos improductivos. Y por supuesto, pensamos siempre en el corto plazo y en el impacto presente en el empleo, pero no en las consecuencias que deja la mala distribución de recursos. Cada vez existen menos ejemplos, por desgracia, de libre mercado y sí más de algoritmos sociales.
De esta manera, la tónica general es rescatar sectores improductivos y mantenerlos improductivos a costa de sectores productivos. No se deja caer una empresa disfuncional para dar paso un reciclaje sano -lo que se llama destrucción creativa, dejar quebrar empresas para que nazcan otras más fuertes- se hace lo contrario, se tiende a asistir artificialmente a agentes en coma y a estancar la economía.
Esto conduce, por desgracia, a un estancamiento perpetuo, sostenido con más y más deuda, contexto al que se dirige todo occidente, sin prácticamente excepción.
El punto de vista austriaco trata de evitar la intervención y que sea el mercado el que regule la transición. Para ello, es fundamental que el papel del Estado no sea otro que el de facilitar la creación de empresas, proyectos, facilitar la contratación y reducir la burocracia. Si se quiere apoyar al tejido productivo, éste debe venir de desahogarles no subsidiarles.