
La semana pasada Jerome Powell, en un cambio tremendo de narrativa, reconoció que la inflación en EE.UU es más preocupante y estructural que a principios de este año.
Y es que se mantienen prácticamente todos los factores inflacionarios en la economía: mayores costos laborales, cuellos de botella, mayor demanda de transporte, escasez de contenedores, retrasos en puertos, mala valoración del precio vivienda y, sobre todo, continuación de políticas expansivas.
¿Pero qué activos nos protegen realmente para este entorno?
Estar invertido parece la premisa clara. Los tenedores de activos se benefician de la inflación monetaria mientras los tenedores de divisa se ven perjudicados por la devaluación de sus ahorros. Pero ojo, dentro del abanico de activos, no todos son opciones históricamente buenas para estos periodos.
La renta variable siempre es una buena opción, sino la mejor. Los QE tienen una relación directa con la subida de las bolsas, en este hilo lo explicamos muy bien
Pero ahora mismo, los índices en agregado presentan unas cotizaciones muy exigentes, por lo tanto, tendremos que buscar valor en determinadas compañías. Dentro de la enorme dificultad que esto representa, valores con poca intensidad de capital y fuerte poder de precio -trasladar costes al precio final- suelen funcionar mejor.
La renta fija ahora mismo es un activo anómalo, ya que la mayoría de bonos solventes ofrecen tipos de interés reales negativos, por lo que pueden hacer perder poder adquisitivo a sus tenedores si el ciclo de inflación persiste. No lo vemos como una buena opción.
Las commodities siempre son interesantes en estos ciclos. Una cesta o ETF de materias primas siempre es un vehículo como posible diversificación en una cartera hedge.
El oro representa uno de los grandes errores de planteamiento. El metal no es un refugio frente a la inflación, sino frente a los tipos reales negativos. El oro funciona cuando los pasivos estatales no ofrecen interés o lo ofrecen negativo, no en épocas de subida generalizada de los precios de consumo.
La vivienda es, quizá, el activo más puro frente a la inflación. Activo real y con una correlación tendencial clara en ciclos inflacionarios. Un porcentaje en rates también se presenta interesante.
El arte o los productos de lujo, con demanda poco elástica, también suelen funcionar muy bien en estos periodos, aunque no se trata de una inversión para todos los públicos y exige altos gastos de custodia.
Las criptodivisas, por mucho hype que generen como hedge del dólar, no han demostrado aun ser activos que funcionen mejor en épocas inflacionarias. A día de hoy debemos compararlos más como activos de riesgo, no como refugio.
La liquidez o activos monetarios como letras del tesoro degradan su valor y, por tanto, sólo deben tenerse por motivos de pura liquidez, lo que no deja de ser importante.
Por lo tanto, para ciclos inflacionarios, no todo vale. Los rates, commodities y ciertos sectores de renta variable son los productos que mejor se comportan. Evidentemente en la buena diversificación de los mismos está el éxito.