
Blockchain es un no-lugar. No tiene centro, como corresponde a una tecnología descentralizada. No tiene un territorio al que peregrinar, pues parece ser esencialmente cosmopolita.
Su nacimiento, tampoco tiene lugar. ¿Por qué iba a tenerlo su desarrollo? Ahora bien, nuestros esquemas mentales -fuertemente territorializados- tienen problemas para asumir la condición desterritorializada de Blockchain.
Necesitamos, como canta Battiato, un centro de gravedad permanente. Una necesidad que, ahora, quiere aprovechar el alcalde de Miami, Francis X Suarez, proponiendo la ciudad como el Silicon Valley de Blockchain. Esta semana se está celebrando la Miami Bitcoin Conference, la mayor conferencia sobre la criptomoneda que reúne a más de 50.000 personas. La cita contó con celebrities del tipo Tony Hawk, Jack Dorsey (CEO de Twiiter), Floyd Maywheather o Tim Draper.
Mientras tanto, otros mineros, los de China con Blockchain, son invitados a marcharse. Los mineros de la Fiebre del Oro se dirigieron a California con su pico, pala y, tal vez, unos Levi's recién comprados. Era su fuerza instrumental que agregaban a la fuerza de voluntad.
Del cuantioso capital acumulado con esos lodos mineros, surgiría más de un siglo después el oro digital de las empresas tecnológicas de Silicon Valley.
Y este territorio se convirtió en lugar de culto y peregrinaje para todo el que tenía una idea en clave digital y, sobre todo, muchas ganas de trabajar y emprender. Sabemos que algunas de las empresas más relevantes del ecosistema Blockchain, residen en la propia estela del mito de Silicon Valley, como la originalmente californiana Coinbase. Pero esto es como vivir en un mito alquilado.
Otras, como Binance US, parecen haber hecho del no-lugar su referencia territorial.