
Los inversores institucionales, conocidos coloquialmente como “profesionales” o “manos fuertes” tienen una forma de operar muy distinta al retail trader debido al tamaño de las cuentas que tienen. Ellos necesitan crear demanda si quieren vender y oferta si quieren comprar, para obtener la contrapartida necesaria para sus posiciones. Es decir, necesitan manipular las creencias del público para atraparles a contrapié y generar con ello la demanda y la oferta que necesitan. Y esto, aunque parezca un escollo más, puede convertirse en una fuerte ventaja para los pequeños inversores.
El trader de a pie necesita defender sus posiciones con limitaciones de riesgo (stops ajustados) y los profesionales, sabedores de esa necesidad, no dudan en ir a buscar esas órdenes en los lugares en los que suelen estar (niveles clave). Es decir, el punto fuerte de un buen inversor -gestión de riesgo estricto y control de perdidas- se puede transformar en un punto débil si no se conocen estas maniobras.
Si los pros tienen una visión alcista del mercado a medio plazo y quieren participar comprando en cierto nivel de precio, lo que intentarán es hacer ver que el mercado es bajista. Y viceversa. A esto se le llama acumulación (proceso de suelo de mercado) o distribución (proceso de techo de mercado).
Los profesionales saben que el público se mueve como un rebaño de cebras. Cuando una oye algo y echa a correr, el resto, aún sin comprender qué es lo que ha pasado, sale detrás corriendo. Es psicología de grupo. En los mercados pasa lo mismo. Es que John Maynard Keynes llamaba los “animals spirits”
Esas maniobras son sus huellas y existen análisis para identificarlas y sacar ventaja de ellas. Por tanto, habrá que alejarse de la masa e interiorizar lo que se llama “inversión contrarían”, es decir, ir en contra de la corriente