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Jose Basagoiti9 de septiembre de 2021

La trampa de Tucídides y la caída del dólar

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Jay Powell nunca se ha caracterizado por ser un gran locutor, de hecho, uno de los defectos que más se le echa en cara es no ser contundente ni claro con sus mensajes. En este sentido, es curioso como en este ciclo económico inflacionista sigue sin mencionar en sus discursos la oferta monetaria, M1 o M2. Con la oferta expandiéndose a un ritmo récord para financiar tanto la QE como los déficits presupuestarios intratables, la omisión es totalmente llamativa.

El FOMC (el comité de fijación de tasas) parece no tener más en cuenta las consecuencias de la expansión monetaria. Pero el hecho es que el aumento de los precios al consumidor provocado por la expansión monetaria ha hecho que las tipos reales sean fuertemente negativos y están generando presiones para aumentar las tasas de interés. Powell achaca todos los problemas a los shocks de producción y cuellos de botella en ciertos sectores, pero olvida uno de los principales problemas,la monetización de la deuda por parte de la FED.

Pero no se trata de una cosa menor, la confianza en la moneda es todo lo que debe sostener un sistema FIAT y EEUU parece haberlo olvidado. Una fuga de dólares de propiedad extranjera y activos financieros denominados en dólares, que actualmente suman más de 32 billones de dólares, se está volviendo inevitable.

Por un lado, el petrodólar tiene los días contados después de la derrota de EEUU en Afganistán y los nuevos acuerdos comerciales de China. Por otro, ya son varios Bancos Centrales los que están tomando posiciones netas de venta de dólares. Esto hará que la demanda global de dólares caiga en una dinámica bajista, con las brutales consecuencias que ello acarrea.

¿Responderá la Fed manteniendo los QE para apoyar los mercados financieros, mientras resiste la presión del aumento de las tasas de interés? Si es así, no hay forma más segura de destruir el dólar.

Parece evidente que todo endurecimiento de la política, si llega, será transitorio. Los Bancos Centrales han convertido a los mercados financieros en seres adictos de estímulos y no van a permitir un crash histórico de los activos si pueden evitarlo, aunque ello suponga lastrar la estabilidad de la divisa. Desde hace años, la FED ha prostituido su rol en favor del Tesoro y WallStreet.

Pero las lecciones de la historia, combinadas con un análisis económico sólido, nos dicen que los mercados acabarán castigando a la FED. La famosa frase de “dont fight the FED” puede empezar a perder sentido. El oro es la mejor protección contra este nuevo ciclo monetario.

Debemos mirar, no tanto a la oferta de dólares, sino a la demanda global de los mismos. A menos que la sociedad estadounidense aumente sustancialmente sus ahorros, lo que es muy poco probable, el déficit presupuestario se reflejará en general en un déficit comercial continuo. Básicamente EEUU importa riqueza y exporta dólares, pero esta ecuación es insostenible a medio plazo, es un privilegio del que han abusado haciendo que los extranjeros giren hacia una posición corta en dólares. La evidencia apunta fuertemente a que la tolerancia de los inversores extranjeros está siendo socavada por la continua caída del poder adquisitivo del dólar, especialmente desde marzo de 2020.

Dentro de este contexto, el oro es y siempre ha sido el dinero naturalmente preferido por la gente. Una alternativa monetaria emitida por el estado sufre inevitablemente una degradación, que generalmente se tolera siempre que no sea aguda. La degradación del dólar desde el shock de Nixon en 1971 ha eliminado alrededor del 98% del valor del dólar, medido frente al oro. Si bien el efecto económico ha sido negativo, a diferencia de lo que afirman los economistas neokeynesianos, no ha sido lo suficientemente marcado como para evitar que los extranjeros utilicen el dólar para transacciones y acumulen bonos de interés fijo, letras y efectivo.

Sin embargo, esta tendencia esta cambiando, como bien hemos explicado. Y veremos como afronta Estados Unidos una economía sin el privilegio exorbitante que le da el tener la divisa reserva y, por tanto, el poder aumentar la masa constantemente sin generar inflación. Esta nueva situación, si llega, es muy posible que provoque un cambio hegemónico global, lo que se conoce como la trampa de Tucídides.

¿Cuál será el catalizador final?, nadie lo sabe a ciencia cierta, pero es seguro que las CBDC -central bank digital currencies- tendrán mucho que ver.


 

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