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Jose Basagoiti26 de julio de 2021

La maldición de la palabra “transitorio” para la FED

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  • No hay inflación…

- La inflación será transitoria…

- La inflación es buena…

Es curioso cómo va cambiando el discurso en tan sólo 1 año. Mientras la confianza en el gobierno y la Reserva Federal está en mínimos históricos, algo que no debe sorprender a nadie, ya que los últimos años han mostrado una tendencia horrible por parte de ambos en el cuidado del dólar, con una emisión disparatada del mismo para monetizar el déficit del Tesoro. Los inversores y acreedores saben de esta dinámica y ya son varias economías, como la China o la rusa, la que están alejándose de la divisa norteamericana.

La estabilidad de la demanda futura de dólares es más cuestionable que nunca. Actualmente, el mayor comprador de pasivos es la propia Reserva Federal, lo que pone de manifiesto una pérdida de interés internacional por los mismos.

Y es normal, sólo la semana pasada, estas fueron las inflaciones de algunas materias primas denominadas en dólares.

 1. Madera + 18,1%

 2. Café + 17,1%

 3. Gas natural + 10,5%

 4. Zumo de naranja + 7,1%

 5. Avena + 5,9%

 

Esto nos obliga a pensar de nuevo si la inflación será transitoria como dice Jerome Powell o, directamente, que es lo que el presidente de la FED entiende por “transitorio”, ya que un concepto totalmente ambiguo, que puede ir desde unos pocos meses a unos cuantos años.

Aunque el presidente Powell solo ha tenido su trabajo durante unos pocos años, le recomendamos que se familiarice con la accidentada historia de la FED con el término "transitorio". En 2006 y 2007, su predecesor, Bernanke, afirmó innumerables veces que los problemas que surgían entonces en el mercado hipotecario eran "transitorios". Tras esa narrativa llegó una de las mayores crisis financieras de la historia.

Aquella situación se asemeja preocupantemente al contexto actual, donde, a pesar de los claros indicadores, la oligarquía monetaria mantiene un discurso “político” y no económico. Dicen lo que quiere que el mercado escuche, a pesar de las heridas que pueda dejar a medio o largo plazo.

Y es que la fiebre del gasto no ha hecho nada más que empezar. Se está iniciando una nueva ola de estímulo fiscal. Los beneficios extendidos del seguro de desempleo federal, que están incentivando a millones de estadounidenses a permanecer fuera de la fuerza laboral, permanecerán vigentes hasta septiembre. (Es posible que el Congreso decida prorrogarlo nuevamente). A su vez, el gobierno comenzó a distribuir los pagos mensuales de 300 dólares por niño por “ingreso del trabajo” la semana pasada a decenas de millones de familias.

También la semana pasada, los demócratas presentaron su Plan de “Infraestructura Humana” de 3,5 billones de dólares, que expandiría enormemente los servicios familiares y de Medicare. Este plan se sumaría al proyecto de ley de infraestructura de 1,2 billones de dólares y al presupuesto récord de 6 billones de dólares para 2021. Si bien todos estos planes aún no han sido aprobados por el Congreso, es seguro decir que se derramarán sobre el país nuevos torrentes de gasto deficitario inflacionario en los próximos años.

La monetización del déficit, algo que hace una década se nos vendió como medida totalmente excepcional, a día de hoy es el pan de cada mañana. Tenemos que cambiar la forma de pensar en la inflación que con respecto a las últimas décadas.

Estamos en un final de ciclo económico y apunto de entrar en una era inflacionaria, con todo lo que ello puede ocasionar.

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