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Jose Basagoiti26 de abril de 2021

La gran mentira del IPC

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En los últimos meses, venimos hablando repetidamente de los riesgos de inflación, bien por el exceso de oferta monetaria en comparación con su demanda, o bien por el potencial incremento del gasto y menor ahorro con la llegada de la desescalada.

De hecho, los riesgos se han traducido en realidad, ya que el mes pasado vimos como los precios al consumidor se incrementaron al máximo nivel en más de 8 años y medio. Es verdad que los rendimientos de los tipos de interés se han estabilizado y es probable que este repunte de la inflación hasta el 2,6%, muy por encima del objetivo, sea transitorio. Aun así, los swaps muestran que las expectativas del mercado sobre la inflación futura siguen aumentando y eso significa que la volatilidad de los bonos del Tesoro puede no haber terminado todavía.

Y es que la inflación tiene muchos efectos sobre la economía, tanto, que es la principal medida de control de los Bancos Centrales. Una inflación elevada, ataca directamente al poder adquisitivo de la sociedad si se produce de forma desigual, por ejemplo, si los precios de los bienes y servicios suben más rápido que los salarios. Los repuntes, por tanto, suelen obligar a los planificadores a subir los tipos de interés, con el objetivo de frenar el drenaje de crédito a la economía y contraer la base monetaria.

Pero esa medida, coloquialmente conocida como política contractiva o tapering, tiene unos efectos muy negativos sobre los mercados y sobre los agentes más endeudados, efectos que siempre se intentan evitar a toda costa. Y no sólo eso, sino que toda clase de productos ligados a la inflación, como la seguridad social, sueldos públicos o cierta clase de bonos dependen mucho de los datos oficiales que ofrecen los gobiernos, por lo tanto, es normal que éstos quieran “mostrar” unas cifras maquilladas. Y eso es precisamente lo que hacen.

Vamos a analizar porque el IPC es un indicadorfalso, falaz e interesado.

 Ya hemos entendido el interés en que los datos ofrecidos sean equivocados y fijados para hacer que la inflación parezca más baja de lo que es. Y prácticamente la mayoría de la sociedad es consciente. Fijaros el gráfico que compartió Bloomberg recientemente.

Dentro de la mala praxis que se hace a la hora de medir la inflación destacamos el ajuste hedónico, o lo que es lo mismo, no incluir las mejoras en la calidad de los productos como motivo de su subida de precios.

Pensar en los siguiente: Las funciones de un teléfono móvil han aumentado drásticamente en los últimos 10 años. Si compramos modelos más caros de teléfonos móviles, ¿podemos realmente decir que eso es inflación? Estamos comprando productos de mejor calidad y, en cierto modo, el precio está bajando porque obtenemos más por nuestro dinero.

Por ejemplo, la cantidad de funciones en un nuevo IPhone aumenta en un 50% y el precio es un 5% más alto. ¿Es una inflación del 5% o una deflación del 45%?

De esta forma, este mecanismo de ajuste hedónico de calidad hace posible reportar números mucho menores a los verdaderos. Los gobiernos, así, nos hacen creer que la inflación “ha muerto” pero en verdad, el costo de vida de los ciudadanos no para de aumentar.

Y bajo este pretexto, la Reserva Federal y otros Bancos Centrales siguen imprimiendo nuevamente dinero en enormes cantidades y monetizando deuda de los gobiernos, utilizando como uno de sus principales argumentos que la inflación se encuentra por debajo de los niveles esperados. Y llevar estas políticas en un momento en el que el coste de vida está subiendo es muy peligroso para cualquier economía.

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