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Jose Basagoiti23 de diciembre de 2021

El Gran Miércoles

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El mercado tiene tres subidas de tipos previstas para 2022.

 

1º alza en junio = 79% de probabilidades

2º alza en septiembre = 69% de probabilidades

3º alza = 64% de probabilidades

 

Las expectativas con cada vez más duras. Las probabilidades ya apuntan a que un aumento de tasas en mayo, antes de que se complete el Quantitative Easing, son del 47%.

 

Es muy difícil imaginar que la renta variable no se altere por completo con un movimiento de 75 pb el próximo año. Hablamos de un encarecimiento del dinero en una de las economías más endeudadas de la historia, por lo que muchas empresas e inversores sobreapalancados van a tener que liquidar activos para hacer frente a sus cada vez más caros compromisos de pago.

Esta es la fase de depresión primaria del ciclo. Es una fase causada y precedida por el boom artificial que hemos llevado a cabo con las políticas ultraexpansivas de los últimos años, políticas que han fomentado la demanda agregada con base a deuda -pública y privada- y han descoordinado los planes de ahorro e inversión de la economía. Aprovechando el crédito laxo, se han fomentado inversiones erróneas, inversiones que nunca se hubieran llevado a cabo con un interés natural y que, lógicamente, caen masivamente cuando sube el coste del dinero.

La aceleración financiera que hemos visto en los últimos meses se invierte y lo que era una fuerte tendencia bursátil da pie a ventas en cascada. Cuando las cotizaciones suben, las empresas tienen más colateral para sus inversiones, más crédito, más recompras… es un círculo virtuoso. Sin embargo, cuando aparece inflación o burbuja en algún sector, el castillo de naipes comienza a desmoronarse y que antes actuaba de acelerador, ahora lo hace de losa, siendo los intereses de la deuda lo que se precipita.

La inflación será el detonante que provoque el cambio de ciclo. Recodad a los lectores que las grandes crisis suelen venir precedidas de tensiones inflacionistas, como la que actualmente azota al mundo entero.

En el siguiente grafico se ve la correlación entre la inflación y la laxitud de las condiciones financieras.

Esta subida de precios y la penetración de la misma en las expectativas de los agentes tiene que ser cortada de raíz si no queremos entrar en un círculo vicioso salarios-precios. Los trabajadores exigen más salarios por la subida de precios y, a su vez, los empresarios trasladan esos mayores costes a los precios finales para no afectar a los márgenes.

 

Jerome Powell no es tonto y sabe de los enormes riesgos de no actuar a tiempo, por eso mismo el mercado espera esa triple subida de tipos en 2022. El endurecimiento de la política va a ser un mazado terrible para las bolsas, que vienen con las cotizaciones más exigentes de la historia.

De esta manera, la fase de auge da lugar a una recesión económica donde los agentes se ven obligados realizar ventas forzosas -como, por ejemplo, Evergrande- y el sector financiero corta el crédito lo que genera dificultad para conseguir capital de cara a finalizar proyectos y refinanciar deudas. Con la contracción del crédito se reduce el consumo y la inversión, lo que genera un clásico shock deflacionario que tiene su punto más delicado con un incremento importante del desempleo.

Se produce así una destrucción creativa, concepto acuñado por Joseph Schumpeter. Son etapas difíciles pero sanas y necesarias para reequilibrar los excesos del pasado y purgar las malas inversiones realizadas en la etapa de exuberancia.

 

En este periodo, los agentes tienen prioridad por activos líquidos, por lo que los inversores tienden a vender sus valores de riesgo y hacen acopio de liquidez en sus carteras. Por lo general, son buenos ciclos para el dólar y muy malos para la renta variable.

Sera interesante ver que posición tiene Bitcoin, es decir, si el mercado ya lo ve como activo monetario líquido o si aún lo sigue viendo como activo de riesgo.

 

El shock deflacionario de la economía real salta rápidamente a la economía financiera, llevando a los selectivos a importantes ajustes.

Y es que los activos siempre se mueven por dos cosas simples. Los tipos de interés y los beneficios empresariales; en 2022, como hemos visto, es muy posible los tipos a corto plazo suban (y el QE terminará) y el BPA se ralentizará bruscamente. Esto nos deja un escenario sombrío para la segunda mitad del año. Además, la curva de rendimiento invertida es una amenaza. De momento se está aplanando bastante, lo que ya indica mala perspectiva futura.

Sin embargo, cuidado, que la situación cíclica sea madura no significa que a corto plazo la música vaya a dejar de sonar. Es importante tener en cuenta que las burbujas se suelen prolongar mucho más de lo que solemos imaginar y el coste de no estar invertido es bastante alto en periodos inflacionarios.


 

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