
Primer factor: Descorrelación entre el sector tecnológico e industrial
Los días en que el NASDAQ cae un 2% mientras que el Dow Jones sube son muy anómalos y ocurren principalmente durante un período específico: la acumulación y el sobrecalentamiento tecnológico (y posterior estallido de la burbuja). Esto se debe a un carácter cíclico relacionado con las expectativas de inflación, mucho más dañinas para las acciones growth.
En el gráfico adjunto vemos como esta circunstancia sucedió en las crisis del 87 y del 2000. Y lo estamos volviendo a ver en estos momentos.
Es verdad que estamos en una era completamente diferente donde las empresas de tecnología no son lo que eran en 2000, pero el análisis top-down marca los mismos patrones, por lo que no debemos obviar las fuertes opciones de un ciclo correctivo en el corto - medio plazo, aunque con las particularidades del mercado actual: Tendencias y correcciones más cortas en tiempo y precio.
Y como decíamos, empezamos ya a ver ese cambio Value VS growth (hemos asistido al peor mes de las acciones de crecimiento frente a valor desde el año 2000):
Segundo factor: Repunte agresivo de los tipos reales con las bolsas en máximos históricos
Las tensiones en el mercado de bonos se han visto en las dos últimas grandes correcciones del mercado (crisis del 87 y crisis del 2000), donde unrepunte agresivo de los rendimientos fue la señal última de la tormenta perfecta.
También lo vimos en 2013, cuando la perspectiva de que la Reserva Federal iba a reducir su compra de bonos (tapering) casi duplicó los rendimientos del Tesoro estadounidense a 10 años en cuatro meses y derribó brevemente las acciones mundiales en un 10%.
Se teme, no tanto por el endurecimiento del crédito (no estamos ante un problema de liquidez), sino porque, al terminar la pandemia, los billones de dólares de gasto público y creación de dinero reaviven la inflación hasta superar el objetivo de la FED de una tasa media del 2% en el tiempo. De momento, son muchas voces las que piden calma con este asunto, pero las primeras tensiones en los precios son más que evidentes.
De hecho, las crecientes expectativas de recuperación económica e inflación están cambiando los pronósticos de muchos analistas y bancos de inversión, que ya auguran que el tapering se producirá a finales de 2021, y no en 2022 como prevén las encuestas de la FED. Y este giro si que puede ser una losa para los inflados mercados bursátiles.