
I
Una fiebre compulsiva se había ido apoderando de toda la ciudad, descendía sobre sus habitantes como si fuera una niebla baja que todo lo iba invadiendo, aunque en lugar de ser algo silencioso y discreto se manifestaba como un excitado y sonoro temblor de tierra que se iba extendiendo y multiplicado por las redes digitales como un incendio provocado.
Todos, desde niños que apenas conocían el sentido de las palabras hasta ancianos que casi se habían olvidado de su significado, repetían una y otra vez el mismo mantra, obsesionados con sus pantallas, conectados a sus teléfonos inteligentes, que reproducían fielmente, con precisión matemática, la última cotización de aquellas monedas virtuales que de la noche a la mañana como quien dice, en los últimos meses se habían convertido en el eje alrededor del cual giraba la sociedad entera. No existía otro tema, no había otro motivo de conversación, una y otra vez se transmitían de unos a otros el precio que iba alcanzando aquella divisa hipotética, diez mil, veinte, treinta, y ocasionalmente veinte y quince mil, de nuevo, las noticias iban retransmitiendo triunfal o trágica y monótonamente las bajas que aquella batalla de cifras iba arrojando a la cuneta.
No era una epidemia que se hubiese localizado en una región, ciudad o nación, en un continente, entre los de una raza o credo, aquello se había convertido en una plaga universal, como un vicio o una esperanza que se había ido colando por todas los resquicios de oriente a occidente, de norte a sur, todos obsesionados por alcanzar la fortuna, por poseer el remedio a todos sus males, la panacea caída del cielo que parecía ofrecer aquel milagroso instrumento, iban ciegos sin detenerse ni un instante, en plena histeria colectiva, sin ver a todos aquellos que iban cayendo por el camino….
Lo que se escuchaba por todos lados era el fragor del combate especulativo, la promesa que ofrecía aquella nueva redención técnico-lúdica, escondida tras exaltación que acompaña a todo juego de envite: el misterio y la promesa que ofrece jugar con el azar, en este caso camuflado tras la pantalla tecnológica, la gran promesa de liberación del hombre en el futuro, la respetabilidad de la ciencia, la seriedad del mecanismo reglamentario oficial.
Unos afirmaban que era una burbuja artificial, que acabaría por disolverse sin más a la hora de la verdad, otros predicaban que era el futuro: el nuevo mundo económico que se escondía tras el horizonte tecnológico y que quien no participase de su bendición acabaría por ahogarse arruinado en la obsolescencia.
Lo cierto es que tras aquel fenómeno solo algunos pudieron ver, y nadie les hizo caso, lo que de verdad había tras todo ello, y ni siquiera aquellos que lo intuían fueron capaces de medir el desastre que se avecinaba, la tremenda amenaza que supuso para todo el orden económico mundial, así como aquella monumental desgracia que se cernía sobre el mundo económicamente conectado y sus habitantes; nadie podía haberse imaginado lo que ocurrió a continuación, ni la encadenación de hechos y acontecimientos que fueron arrastrando a unas personas tras otras, a unas naciones tras otras. Por muy pesimista que se fuera entonces, nadie creía que sería más que el pinchazo de una simple burbuja especulativa, igual que tantas que habían sucedido a lo largo de la historia.
II
Una mañana, creo que fue un miércoles, serían como las 9 y media de la mañana, Alberto que llegaba con retraso a una reunión de primera hora se estaba disculpando ante los presentes cuando entró precipitadamente Rosa la secretaria de Luis el director, interrumpiendo la conversación, en contra de su usual y meticuloso comportamiento, dijo:
Alberto al igual que la mayoría de los presentes se quedó intrigado por aquella llamada intempestiva, y por la urgencia de la comunicación…
Tomas y Julio, que estaban también alrededor de la mesa se quedaron pensativos.
Efectivamente sin que hubieran transcurrido ni cinco minutos, Luis Suarez Llanos director de la oficina de Lasalle en Madrid, volvió a entrar en la sala de juntas.
Luis era un veterano, para lo que se estila en ese mundo, tendría entonces unos cuarenta años, era un hombre tranquilo de aspecto bonancible, voluntad que escondía un carácter muy fuerte que procuraba disimular por todos los medios, no era persona para dejarse impresionar con facilidad, por ello, cuando todos le vieron aquella expresión que traslucía su cara, siempre impecablemente inexpresiva, tras la conversación con Jeffrey no pudieron por menos que alarmarse…
Todos se estaban tanteando la ropa y preguntándose a donde iban a llevar aquellas consideraciones; nunca habían visto a Luis tan nervioso y empezaban a preocuparse ¿Qué cuestión tan grave podía afectar al director hasta el punto de casi impedirle hablar?
- Ayer a última hora parece ser que cuando los operadores en Chicago fueron a cerrar posiciones al final del día en el mercado de bitcoins, parece que faltaban importantes partidas que habían sido retiradas del mercado sin que los agentes y cuidadores se hubieran percatado; por lo visto eran importantes cantidades… Esa noticia no había llegado afortunadamente del todo a Oriente, pero empiezan a correr rumores de que alguien, o algunos, están socavando el mercado, al ir cancelando, retirando fondos de los depósitos de garantía y cerrando posiciones bajo cuerda precipitadamente.
¿Cómo puede pasar sin que se hayan dado cuenta hasta ahora? Ni lo saben, al tratarse de una tecnología tan compleja parece que cualquier cosa es posible, nadie entiende de verdad el funcionamiento detallado del sistema…
-¿Quieres decir que desaparecen partidas de una cripto moneda y que no saben dónde están…es un poco de locos, si no existe un físico de la misma, más que en forma de chapas conmemorativas – soltó Esteban – como ¡pueden aparecer o desaparecer los asientos de las entrañas del sistema!
- Pues eso es lo que creen, por lo visto contablemente no cuadran los cierres, no han podido hacer la liquidación, faltaban contrapartidas…- Aclaró, dentro de lo que cabe, Luis…
- Si faltan contrapartidas y nadie se hace responsable, ¿Quién responde? ¿Es que nadie se responsabiliza, ni la bolsa? – insistió Esteban.
- Eso parece…
- Es evidente, que no existe un respaldo, es algo que en principio todo el mundo debía saber, por eso ni los hemos tocado, bastante tenemos con fiarnos del BCE o de la Reserva Federal entre otros emisores– dijo Julio – aquí no hay nadie detrás.
- Pero eso, como dices bien, se supo desde el primer día – dijo Tomás y el propio Alberto le secundó - ¡Por que se escandalizan ahora!
- ¡Por lo visto por alguna ignota razón nadie se había centrado en la cuestión de las garantías subyacentes hasta este momento! –insistió Esteban -. ¿Estuvieron comercializando una ruleta y se enteran ahora? En el casino la gente sabe a lo que va, ¿es que aquí la gente se llegó a creer que se trataba de una moneda?
- Eso parece…-continuó Luis –. Yo solo os digo lo que me comentó muy confidencialmente Jeffrey, por lo visto la madeja empieza a desentrañarse, por muy absurdo que parezca. Si la cosa se mantiene bajo control y se va deshojando con calma, no quedará lo evidente a la vista y se podrá cerrar ese mercado sin hacer ruido, sin mayor trascendencia, se enjuagará entre profesionales… Si no: ¿Quién le explica una multitud embravecida que todo ha sido una apuesta piramidal? Las consecuencias pueden salpicar a todos y a todo, no solo acarreará responsabilidades regulatorias a los organismos oficiales sino a los propios gobiernos que lo han permitido…
- Esperemos que puedan encauzar la operativa y hacer una voladura controlada - dijo Esteban - de manera que solo perjudique a una parte, aunque importante, puesto que a esta ruleta está jugando medio mundo, no debería tener mayor trascendencia mientras sepan el riesgo que asumieron cuando se montaron en este tiovivo. Si lo tienen claro, se lamerán las heridas, emprenderán el “mea culpa” y se maldecirán por ser tan ingenuos, y la cosa pasará sin pena ni gloria, algunos reclamarán a los “brokers”o a las autoridades, habrá pleitos que serán sobreseídos, si los jueces son profesionales y saben de lo que están hablando…
- Técnicamente así es, pero esta cuestión va más allá de la técnica como me comentó Jeffrey – continuó Luis – estamos hablando de la confianza en los instrumentos de cambio…no basta con cerrar ese mercado y que las cotizaciones se vayan a cero. Se rumorea en la City, que la que se avecina es grave, muy grave, ya han aparecido vendedores importantes esta mañana, no es un alud todavía, pero su precio había bajado más de un 20% esta mañana…
- ¿Qué es lo que de verdad temen en Armancor? – interrumpió nervioso Alberto –.
- ¡Eso, no nos ocultes nada por favor! – intervinieron los demás. Te estás guardando el verdadero motivo de esa llamada, por un tema de liquidaciones, que se puede resolver discretamente, no te hubiera molestado…
- Está bien…Necesito tomar aire para poder contaros cual es la preocupación de fondo, pero antes quiero deciros que no pensaba guardarme nada para mí, todos estamos en este barco y la corriente nos puede arrastrar a todos, os puedo asegurar que si se desata la tormenta poco o nada podremos hacer para evitar que nos vayamos a las rocas…
- Venga ya, suelta la bomba, o lo que sea, pues parece que ni ellos tienen la más remota idea de lo que puede pasar – dijo Tomás.
- Ahora voy… con calma. La verdad es que a lo mejor nos alarmamos sin necesidad, incluso podría no pasar absolutamente nada, todo depende de cómo se desarrollen los acontecimientos y sobre todo de algo imposible de estimar “a priori”, que sería la confianza que los inversores o especuladores, como queramos llamarlos, conserven respecto a los instrumentos virtuales o sintéticos en general y más grave aún: en todos aquellos instrumentos o vehículos tradicionales cuyo naturaleza es esencialmente una cuestión de confianza…
- Entiendo – murmuraron todos a coro.
- Estamos hablando de una cuestión de confianza en los medios de pago en general– aclaró Esteban – en todos los medios de pago…
- Efectivamente, lo que Jeffrey, y por consiguiente Armancor, y si lo teme Armancor, hay muchos pesos pesados del mercado que lo están pensando - se le escapó a Tomás que cayó de repente en la cuenta de lo que verdaderamente se trataba – es que si un volumen importante de damnificados por este escándalo se retiran del mercado y ponen en duda la fiabilidad de todos aquellos instrumentos que esencialmente se basan igualmente en la confianza, podría generarse una crisis de dimensiones incalculables… No nos engañemos: ¿Qué hay detrás de toda moneda si no es al fin y al cabo una convención?
- Si a eso vamos – - dijo Julio que de pronto se despertó de su habitual indiferencia, pensando en las consecuencias de una epidemia de desconfianza - habría que incluir como parte del problema a las obligaciones, acciones, sintéticos…
No, no creo que sea lo mismo –precisó Tomás y le apoyó Alberto – detrás de una acción hay una empresa, un conjunto de recursos humanos y materiales que producen un bien o prestan un servicio, y ese producto o incluso servicio, mientras sea necesario, puede decirse de él que es tangible, no es una entelequia. En cierta medida un bono del estado o de una compañía tiene detrás un equipo o una ciudadanía… Todo futuro tiene detrás una materia prima, toda opción tiene algo a lo que referirse.
III
UNA SEMANA MÁS TARDE
No habían dado las doce todavía y cuando ante el Banco de España se estaba organizando una pequeña manifestación venían por el Paseo del Prado y la Castellana, para acabar en Cibeles, casi parecía una pequeña fiesta del Madrid.
Ante la CNMV también se habían reunido una serie de personas portando pancartas y reclamando atención, también había gente en la Plaza de la Lealtad frente a la bolsa.
Desde la central de Lasalle, que estaba en la Castellana, esquina Riscal, se podía ver un grupo numeroso de personas que marchaba disciplinadamente tanto por los carriles centrales como por los laterales, portando pancartas y gritando slogans, exigiendo una solución para la ruina pendiente de millones de ciudadanos que se habían visto atrapados por los cantos de sirena de los bitcoins.
Alberto, Tomás y Luis habían llegado los primeros, gracias a un atajo que encontraron hasta el garaje por las calles traseras a las siete treinta, Esteban se había quedado en la oficina toda la noche, para mantener abiertas las líneas por si se produjera algún nuevo desastre en los mercados asiáticos, y Julio no había llegado, probablemente estaría atascado en alguna de las carreteras de acceso a la ciudad.
Luis, con expresión apagada, le recibió con una mirada de desesperación silenciosa, incapaz de entender, no tanto lo que estaba ocurriendo sino de ver la pasividad de todas las instituciones nacionales e internacionales ante aquella debacle.
Los hechos se habían ido acelerando y precipitando a lo largo de la semana. Primero: la entrada la dieron las ventas masivas que se produjeron el jueves de madrugada en Asia, para cuando la noticia llegó a Europa, ya la caída rondaba el 30%, la mañana de ese mismo jueves en Europa se desató el caos, las órdenes de venta anegaron los principales mercados bancarios, fue una carrera en pelo, a ver quién conseguía deshacerse de sus posiciones antes de que se suspendieran las cotizaciones.
Las noticias se fueron acumulando a medida que pasaban las horas, era como un incendio mediático que se extendía desde Nueva York a Japón, el primer gran colapso se produjo en Singapur cuando dos de los principales operadores asiáticos decidieron cerrar ventanilla, negándose a liquidar y reembolsar en dinero local el saldo de sus clientes, y a continuación suspendieron pagos. Fue el detonador, ante la demanda de unos fondos que invadieron las redes para exigir la liquidación de sus posiciones, las autoridades de Hong Kong y luego Shanghái, ordenaron la suspensión de todas las operaciones relacionadas con las cripto monedas. Bombay y el Golfo, plazas en donde la actividad en dichos instrumentos había sido igualmente frenética en los últimos meses, no tuvieron más remedio que seguir la pauta marcada por China, ya que abrir la operativa hubiera sido la ruina de sus principales operadores. Cuando tales noticias llegaron a Europa, nadie durante la primera hora se atrevió a movilizar a las autoridades para imponer una suspensión, como en Asia, eso supuso que el tsunami impactó durante cuarenta minutos sobre las agentes en Europa. Ante tal flujo de órdenes se necesitaba una liquidez gigantesca para cubrir la demanda de efectivo corriente de sus clientes, y como dichos operadores, entre los que figuraban muchas subsidiarias bancarias, instituciones que habían olfateado el inmenso negocio que aquella nueva actividad podría proporcionarles vía comisiones, carecían de tales cifras, se la pidieron en líneas de crédito a su casa madre unos y a sus socios otros. La banca, la de siempre, se vio forzada a proporcionar dicha liquidez, lo cual forzó al BCE a tirar de almacén y a darle a la manivela del dinero…
Aquello solo duró una hora, hasta que el BCE mandó detener la operativa, inmediatamente llegaron noticias de que en América tenían intención de intervenir dichos mercados y declarar cautelarmente una interrupción en la operativa, llevaban la ventaja horaria y eso les permitió comprobar en directo lo que había ocurrido en Asia y Europa. No se tuvo más remedio que ordenar la suspensión, era un corralito selectivo, de momento…
Al día siguiente cuando las consecuencias de dichas decisiones se hicieron manifiestas, millones de personas en todo el mundo se vieron atrapados en una situación, que en el mejor de los casos les impediría el acceso a su dinero hipotético, y en el peor arruinarles completamente, dejándoles endeudados a perpetuidad si hubieran cometido el disparate de haber entrado en ese mercado utilizando el crédito tradicional. ¡Muchos ya se estaban viendo sin sus casas por comprar bitcoins a crédito! ¿Cómo era posible tanta insensatez?
La ambición descontrolada, el afán de lucro, la avaricia, son drogas que poseen a sus víctimas, la envidia, el no querer perderse la fiesta, el pensar porqué el vecino y yo no…Son enfermedades muy contagiosas que se extienden cual vertido de petróleo sobre el agua cuando ciertas noticias se alientan a través de las redes. Se estaba ante una tormenta perfecta. La facilidad de las comunicaciones, la difusión inmediata de las noticias, debida a las nuevas tecnologías, la creación de revolucionarias y complicadas herramientas financieras, cuya aparente facilidad, y sin embrago enorme complejidad, estaba más allá del alcance de la mayoría, la globalización que riega la información hasta los lugares más recónditos, y por último, dos factores esenciales para facilitar su extensión descontrolada: la avaricia sin límite de algunas personas dentro de instituciones supuestamente responsables y las autoridades que deberían haber vigilado y protegido a una ciudadanía desbocada.
Lo que al día siguiente de aquel funesto viernes ocurrió, con un fin de semana por delante, fue que millones de personas se lanzaron a rescatar sus participaciones en los fondos y a liquidar sus sociedades de cartera, para hacer liquidez de alguna manera, al ver que todo el dinero que habían metido en bitcoins se había volatilizado. Fue una carrera en pelo hasta que la cotización se fue a cero, fue cuestión de horas, como un reguero de pólvora las órdenes de venta se multiplicaron al haberse activado las ordenes con límite de protección a la baja. La cifra exacta de perjudicados era desconocida todavía , ya que nadie se había tomado el trabajo de evaluar la extensión del daño entre el público, era como un castillo de naipes, las ventas fueron arrastrando no solo a los mercados de bitcoins sino a todas las bolsas en general y sobre todo a los fondos que se veían obligados a liquidar posiciones, forzados por los rescates, una cosa arrastraba la otra y lo que tenía que haberse circunscrito a aquel invento de cripto moneda acabó por afectar a la totalidad del sistema.
El fin de semana en Europa fue la debacle, cuando en Asia cerraron, absolutamente todos los mercados al no poder hacer frente a las ordenes provenientes de todo el mundo intentando salirse por donde pudieran, eran millones de vendedores. Cesaron todas las actividades financieras por orden de las respectivas autoridades bancarias y bursátiles mundiales, ante tal desconcierto, entre todos decidieron suspender y paralizar toda la operativa…Nadie contaba que pudieran abrir el lunes.
- Don Luis, - interrumpió la secretaria - llama el señor Randall de Armancor por la línea tres - se escuchó por el intercomunicador- .
- En seguida gracias… ¿Jeffrey, cuéntame cómo van las cosas por ahí, alguna novedad?
Julio había llegado, estaba nervioso, pues salía de un atasco monumental a la entrada de Madrid, por culpa de las manifestaciones, y además había estado escuchando la radio todo el tiempo, que no hacía más que dar noticias y más noticias sobre el hecho de que las bolsas europeas hubieran cerrado temporalmente y las tertulias interminables de “expertos” sobre las posibilidades de que volvieran a abrir. En cuanto dejó el abrigo se unió a la reunión con todos los demás que estaban en la sala de conferencias, donde Luis les había convocado, para comentar la conversación con Jeffrey de Londres.
En la sala se hizo un profundo silencio, ninguno ignoraba lo que aquello, de agravarse, podría significar, los bancos eran el eslabón más delicado de toda la cadena financiera, y el tema de la retirada de fondos era su talón de Aquiles.
Si uno o dos tuvieran problemas, la situación sería complicada, pero manejable, si por cualquier razón se generalizase, todo el montaje económico financiero, y como extensión la estabilidad del sistema se vería amenazada por una nueva realidad, totalmente desconocida para una sociedad de las características occidentales.
Cómo era posible – pensaban todos – ¿Es que la virtualidad puede arrastrar a la realidad? que la simple explosión de una burbuja especulativa, por importante y grave que fuera, pudiera tener tales consecuencias.
IV
A LOS CINCO DÍAS
Las bolsas efectivamente abrieron, primero en Asia, por horario, Japón, Hong Kong y Shanghái, donde la corrección fue muy significativa, lo más grave ocurrió en Singapur, donde ya el día antes de los cierres habían quebrado dos importantes sociedades y estaban a punto de irse al garete otras dos, que arrastrarían probablemente a una importante japonesa y a la mayor intermediaria de la China continental. Aquello al fin y al cabo era lo esperado, la ola se extendió a la India, sin mayores problemas, en El Golfo, se habían producido unas suspensiones de pagos, importantes a nivel local, pero sin mayor trascendencia, la ola llegaba a Europa como un huracán, en parte amansado por las anteriores aperturas, pero aun así, las bajadas fueron de más del 15%, caídas que continuaron en EE.UU. donde el impacto ya fue mucho menor, al haber perdido mucho fuelle el impulso vendedor.
El optimismo volvió a renacer al día siguiente a la apertura, cuando tímidamente al principio, y luego con mayor entusiasmo, empezaron a subir las acciones del S&P, era el rebote normal tras una corrección repentina y acusada, y la euforia volvió a apoderarse del mercado a los dos días en que se produjo una importante reacción que llevó al Dow un 5% arriba, que falazmente hacía presagiar que lo peor había pasado.
Los que no levantaban cabeza eran los mercados de renta fija, sobre todo los bonos del estado, un flujo continuo de órdenes de venta iban llegando sistemáticamente al mercado sin que ninguna fuerza compradora neutralizara el efecto negativo de aquellas ventas. ¿La razón? Según los analistas se había apoderado de ese mercado un gran pesimismo, alimentado por la falta de confianza entre los inversores que estaban todavía bajo el efecto de las pérdidas sufridas. La idea generalizada era, que de alguna manera los gobiernos iban, por presiones sociales y políticas, a instrumentar unos mecanismos de rescate para las víctimas de la debacle de las cripto monedas. Las cifras del quebranto no se habían cuantificado todavía, pero aun en el mejor de los casos, se estimaba que serían enormes, hasta el punto de hacer peligrar la solvencia de determinados organismos públicos de rescate.
En todos los mercados, daba igual en que nación o continente, se habían volatilizado cantidades ingentes de ahorros y patrimonio, empobreciendo no solo a las grandes fortunas, sociedades financieras o fondos, sino a una masa de pequeños especuladores que se vieron arruinados a nivel individual. Era a este colectivo al que había que rescatar, pues no era conveniente en aquel momento proceder a la destrucción de tanto ahorro en viviendas y consumo, cuya desaparición hubiera frenado en seco la recuperación económica cacareada y deseada por toda la clase política.
De nuevo se iba a utilizar dinero público para tapar agujeros y desastres privados. Panorama desde luego no halagüeño para los bonos del estado.
Una vez más parecía que la tormenta había pasado dejando atrás todos los destrozos; el horizonte al frente se mostraba más risueño. Resulta curioso y típico, como el estado de ánimo de operadores, agentes, analistas y los propios compradores va mudando según la situación en curso.
Nadie parecía percatarse, del cambio cualitativo que se había producido a raíz de la última crisis, no habían pasado ni cinco días, y ya todos pensaban que la confianza se había recuperado, que ya nadie dudaba de la solidez del mercado monetario, que todo el mundo se fiaba una vez más de la solvencia de los emisores de moneda, que la practica equivalencia entre las monedas en curso y las virtuales era teórica, ya no importaba, la confianza en la tecnología no había sufrido ni un ápice mientras, incluso, dichos instrumentos se estaban considerando para ser utilizadas por los propios estados ·”bitcoins oficiales” el mismo principio pero desde el propio estado…
Sin embargo, casi desapercibido, no porque no fuera evidente, sino simplemente porque no se hacía público, ¡no era conveniente! continuaba saliendo dinero de los bancos, poco a poco iba goteando y nadie se preocupaba de averiguar por qué, a pesar de que durante el fragor de la crisis era uno de las amenazas más temidas… Mientras los bancos centrales siguieran dándole a la maquina aquello no parecía preocupar, las dimensiones eran “manejables” – se decía -. Nadie estuvo atento al síntoma, como casi siempre, nadie se preocupa, hasta que los problemas nos estallan en la boca parecen no existir. Pensar que tan solo hacía quince días estaban todos desesperados. Los gobiernos endeudados hasta las cejas, los déficits desbocados, y nadie se volvía a preguntar por la solvencia de esas garantías, nadie cuestionaba como era posible que tales inyecciones de dinero no afectaran a su poder adquisitivo, que las cotizaciones permanecieran incólumes a tanto desastre, aquello era un renovado acto de fe, en el fondo la misma inconsciencia que nos había llevado hasta la burbuja del bitcoin: “mientras dure la fe, mientras haya confianza aquí no pasa nada…”. Acababan de comprobar lo que pasa cuando detrás de una unidad de valor hay poco o nada que la apoye, acababa de ocurrir y sin embargo, en apenas unos días, ya todos se habían olvidado…
Aunque como siempre no todos, algunos estaban retirando su dinero de los bancos, y el oro había empezado a subir de precio, los primeros días, de forma nada significativa pero el último día, un viernes, justo antes del fin de semana, de golpe subió un 5%...
El día era frio y ventoso, las calles estaban húmedas, no había dejado de caer agua durante toda la noche anterior, los ánimos, aunque un poco más tranquilos tras la angustia de la semana pasada, seguían estando al borde de un ataque de nervios; en el fondo nadie estaba tranquilo. Esos cambios de sentimiento, tan bruscos, no carecían de una explicación lógica, por eso muchos intuían que aquello podía ser una pausa en la propia tormenta.
Todos se habían retrasado un poco debido al tráfico tan pesado que suele coincidir con los días lluviosos en Madrid, por ello cuando abrieron las sesiones apenas habían tenido tiempo de informarse de las noticias de la mañana, cuando Tomás llamó la atención a Alberto sobre la gran actividad que se estaba produciendo en el “fixing” de la mañana. El oro no hacía más que subir con un importante volumen respecto a días pasados:
Mientras Tomás llamaba a la mesa de Lasalle en el LME, Alberto fue a decírselo a Luis para que llamara a Jeffrey por si sabía algo.
Luis que estaba al teléfono en aquel momento se volvió indicándole con la mano que se sentara y esperara un instante, mientras atendía la llamada de un cliente.
Armancor y Lasalle era dos empresas que se habían unido a raíz de la cada vez mayor competencia entre tantas asesorías y “brokers” como habían aparecido a raíz de la revolución tecnológica, y desde luego la relación había sido muy beneficiosa para ambas partes desde el primer día. Aquella era la primera crisis seria a la que se enfrentaban desde la unión, y por eso resultaba un desafío de comunicación para ambas partes.
No había acabado la mañana, cuando ya la noticia se había regado por el mercado, Asia entera, Taiwan, Corea, Singapur…, no solo los chinos estaban retirando dinero de los bancos, la ola estaba llegando a Europa, algunas entidades temían que se contagiara la tendencia entre inversores de poca formación, dolidos por las pérdidas sufridas en los bitcoins. No todos sabían distinguir entre un “bitcoin” y el dinero electrónico al uso. De todos modos lo peligroso en estos casos es el contagio, cuando se produce una carrera en pelo, hasta los más sofisticados sabios hacen cola para escapar…
Todos se rieron, más que nada por intentar esquivar aquellos malos presentimientos que se iban filtrando cada vez con mayor presencia en su ánimo.
V
LA ESPANTADA
Lo que estaba ocurriendo desafiaba la lógica de cualquier texto económico convencional, cosa lógica, pues lo que sucedía nada tenía que ver con criterios convencionales. Un mundo en el que el dinero deja de representar lo que se supone, sacude irremisiblemente a todo el esquema de valores de los individuos, sean “expertos” o “legos ignorantes”. El simple número de los que se inclinan hacia un lado y los que se van, al contrario, arroja un resultado totalmente aleatorio cuando son masas las que intervienen. La gran diversidad de opiniones que confluía en todos los mercados, provocaba reacciones y movimientos totalmente imprevistos, era tal el desconcierto respecto a donde podría terminar aquella mayúscula crisis que condicionaba cualquier toma de decisiones, conjeturas más o menos afortunadas, científicamente razonadas o por puro instinto y adivinación.
A coro repetían desde los más humildes agricultores hasta los más poderosos directivos de las grandes empresas, desde los gobiernos hasta los miembros de la oposición, desde el sur hasta el norte pasando por el este y oeste, no había persona que no se preguntase una y otra vez: ¿Cómo podía haber ocurrido semejante desastre? ¿Quién era responsable de semejante catástrofe? Poco a poco, sin que nadie lo denunciara en un primer momento, fue tomando cuerpo una explicación: el haber permitido la puesta en circulación de un vehículo especulativo de las características del bitcoin era responsabilidad de las autoridades económicas y por extensión de los gobiernos, y por tanto era su obligación intervenir para frenar la sangría y poner remedio.
Lo que fue previsible fue el alza imparable del oro, 2.000$, 5.000$, 15.000$...ya estábamos en los 25.000$ la onza…No hay límite para un activo que de la noche a la mañana se había convertido en la única referencia de cambio y valor patrimonial del mundo. No solo fue el oro sino el resto los metales y las materias primas en general, aunque en menor medida debido a la dificultad de manipulación para operaciones concretas.
A pesar de lo que algunos temieron al principio, sí acertaron aquellos que no se salieron de toda la renta variable, determinadas compañías se convirtieron en pequeñas joyas mientras otras se hundían estrepitosamente. ¿Cuáles? Había ciertos criterios, pero al tratarse de una apreciación tan subjetiva, y estar en última instancia en manos de la masa, no se podía recomendar una postura concreta, si bien algunas subieron más de un 200% en el sector farmacéutico, químico y energético por ejemplo y otras: los bancos prácticamente se declararon en quiebra, las compañías de seguros estaban contra las cuerdas y sus acciones que servían de garantía alcanzaron precios ridículos, la inmobiliaria se convirtió en un refugio selectivo, se disparó en algunas zonas y se hundió en otras, si bien todo era un ejercicio teórico, pues sin una referencia dineraria, era una especie de vuelta al trueque: “tengo un apartamento en Nueva York o en Burdeos y te lo cambio por un cargamento de azúcar…” Fantástico ejercicio, era casi imposible evaluar las correspondencias, era un puro delirio: “mi lechuga por tu tomate…”
En toda crisis siempre aparece quien se sabe aprovechar, aparecieron unos hipotéticos expertos, “brokers” de permutas y trueques, intermediarios que conseguían cerrar algunos tratos con éxito, eso formaba parte del mismo juego, eran operaciones en su mayoría a beneficio de inventario como quien dice, ya que en última instancia no había control ni capacidad ejecutiva.
La actividad económica, sorprendentemente, gracias a todos estos recursos y el resquicio de esperanza que quedaba, no se freno en seco pero se iba deteriorando de día en día; entretanto las autoridades presionadas por una opinión pública furiosa, tomaron cartas en el asunto de una manera drástica y dramática, con el uso de la fuerza donde fuera necesaria. Se habían declarado “corralitos”, clausurado mercados, financieros y mayoristas de alimentos, intervenido puertos y aeropuertos, se protegieron las fronteras, los recursos dinerarios fueron racionados, aunque no eran ni de lejos suficientes para atender las necesidades básicas de una población que necesitaba poder mantenerse, se establecieron almacenes de suministros de productos esenciales para su reparto por zonas, administrados por el ejército y la policía…
Era una situación insostenible a pesar de la repentina eficacia demostrada por las autoridades, experiencia terrible que puso de manifiesto el grado de control y la eficacia de los mecanismos que existían en la sombra tras todo un sistema aparentemente liberal, todo se pudo controlar “manu militari”. Sospechan muchos, que de hecho ya estaba controlado todo, incluidas las personas, a pesar de las apariencias, y que por eso no se produjeron, más que de forma aislada y en países subdesarrollados, algaradas y revueltas que dejaran muertos en la calle, lo que era Europa y EE.UU. era un bunker controlado por los estados respectivos… Pero hasta las cúpulas más poderosas detrás del sistema, eran conscientes de que aquello no podía durar, había que reencontrar la normalidad, había que reinventar una medida de valor, aunque fuera artificial, una fórmula que todo el mundo aceptase, un patrón de cambio a la fuerza. ¡Pero cuidado, por otra parte, que no limitara el poder de los estados! No se podía volver al patrón oro, pues eso sería atar las manos a los que administran y controlan el gasto y eso supondría un ejercicio de austeridad política intolerable.
VI
En Lasalle ocurrió de todo, algunos clientes perdieron sus ahorros, los bonos del estado se fueron al garete junto a las obligaciones de aquellas compañías caídas en desgracia, las que aguantaban y e incluso subían, eran aquellas que tenían una maquinaria operativa o eran proveedores de servicios esenciales, pero a medida que se iba apagando el primer impulso tras la debacle, igualmente fueron perdiendo posiciones ante la perspectiva de la ruina total.
Apenas habían pasado tres semanas desde el comienzo de los rumores sobre el colapso de los bitcoins, cuando estos se volatilizaron, primero arrastró a las bolsas, lo que no fue lo más grave, pero fue el pistoletazo de salida de una pérdida de confianza en el sistema monetario y de ahí al caos no hubo ya ni un paso…
Luis les había convocado para evaluar la situación, normalmente hubiera sido la rutina semanal, pero en este caso se convirtió en un tercer grado sobre cuál sería el futuro de la empresa y el suyo propio si persistía aquella anarquía en el mundo que habían conocido hasta entonces…
Alberto que era el más joven conservaba un resquicio de optimismo en medio de aquel funeral, y le preguntó a Luis:
Intervino entonces Esteban, que era sin duda el que más conocía el tema:
Cada uno después de la reunión se plantó tras las pantallas con dos teléfonos a mano, el único referente que existía era una especie de mercado libre bajo cuerda, en que si se producía alguna transacción esta aparecía en pantalla, aunque no había ninguna garantía de que fuera fiable, ya que seguía utilizando como referencia el valor hipotético del dólar americano de antes del colapso. La única cotización que podía marcar cierta tendencia era la del oro, a pesar de haber sido secuestrado por los estados respectivos, inmovilizado en los bancos a pesar de las airadas protestas de los depositantes; algunas materias primas, igualmente servían de referencia, aunque en todos los casos su precio se reflejaba en una moneda cuyo valor real era teórico en aquellos momentos.
Nadie era capaz de adivinar, no solo como iba a terminar el mes, sino incluso como iba a acabar el día; se vivía improvisando al minuto, tres horas podían marcar la diferencia entre la salvación o el hundimiento total y el comienzo de una nueva era…
VII
EL DESENLACE
Tras prolongadas y difíciles negociaciones las cabezas pensantes y los detentadores del poder a nivel continental, llegaron a un acuerdo. Era una decisión colectiva que consistía en aceptar la realidad de que toda moneda no era más que un acuerdo de conveniencia entre las partes, que de hecho todo el andamiaje anterior a la crisis estaba fundamentado en una entelequia tan inconsistente como los condenados bitcoins, que fueron los instrumentos que desataron la crisis, que no era posible buscar una base objetiva, que dejara libres las manos de los políticos, al margen de los estados en cuestión que pudiera garantizar la doble misión de toda unidad monetaria desde que se inventó el papel moneda: servir de medio de pago y ser depósito de valor.
Lo único que había que conseguir es que esa unidad monetaria estuviera totalmente fuera del alcance de los particulares, que su volumen de circulación y su cotización fuera cuestión de un acuerdo de estado, con un mercado de intermediarios libre pero controlado: que nadie, institución o persona, pudiera disponer del físico de dicha moneda, de manera que un rescate de efectivo por ventanilla fuera materialmente imposible. En una palabra estaban reinventando el bitcoin pero en este caso bendecido y controlado por los bancos centrales, cada uno el suyo, de manera que nadie pudiera salirse del redil, ni habría cortapisas al volumen de endeudamiento de los estados, ya que la capacidad de transformar, reducir y aumentar dichos asientos, en auto créditos era prácticamente infinita, otra cuestión sería la relación entre monedas, siempre habría más fuertes y más débiles, pero el cambio, al no existir físico, papel o moneda capaz de evadirse del sistema, sería siempre en última instancia el acordado por los estados.
Había comenzado una nueva era, la libertad económica personal acababa de recibir un golpe certero, ya nadie podría tomar una decisión que fuera desconocida para la autoridad, desde la cesta de la compra, hasta nuestra vivienda o nuestras preferencias religiosas, sabrían cuánto gastamos en gasolina o champán, bicicletas o calzoncillos, con el agravante que podrán adquirir compromisos en nuestro nombre, sin que podemos objetar.
Los mercados se reabrieron, los precios buscaron el nuevo equilibrio, unos se hicieron de oro y otros se arruinaron, como siempre tras las crisis; el oro y los preciosos volvieron a la normalidad, aunque su cotización quedó muy por encima de la que había antes de la crisis. Todo había empezado con la aparición de un instrumento que se demostró una estafa, un montaje piramidal, y terminó, paradójicamente, por la consagración de dicha práctica, pero con la bendición de los gobiernos y el bautismo de respetabilidad de las máximas instituciones financieras del mundo…
Al mes todo el personal de Lasalle, volvía a su oficina, tranquilo, pues a nadie habían despedido, tenían por delante, tras la cirugía estructural del sistema, otra década de progreso como anunciaban todos los medios. Todo seguía igual, aparentemente, desde fuera, sin embargo, no era igual, nadie se había percatado del cambio, todo era plástico, nadie tenía dinero en el bolsillo,el bitcoin había triunfado…