
El 96 % de probabilidades que Polymarket asigna a los demócratas para hacerse con la Cámara de Representantes ha dejado esa batalla prácticamente fuera del radar del mercado. El dinero está en otro sitio: el Senado. Ahí, las apuestas daban un 74 % de opciones a los demócratas y el contrato que contempla una victoria demócrata en ambas cámaras cotizaba al 77 % a las 7:17 de la mañana, hora de Nueva York. El movimiento es muy relevante. Tampoco está tan claro como sugiere ese precio.
Goldman Sachs lo veía esta mañana con bastante claridad: la Cámara de Representantes está prácticamente descontada y la única sorpresa importante de la noche puede llegar desde el Senado. Tras la reducción de riesgos de los últimos días, la pregunta para la bolsa no es solo quién gana, sino si el resultado sirve para que el mercado vuelva a asumir riesgos en la renta variable.
Las cuentas son ajustadas. Los republicanos controlan el Senado por 53-47. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos; con tres, el empate a 50 escaños seguiría favoreciendo a los republicanos gracias al voto de desempate de JD Vance. Eso obliga a conservar Georgia, Michigan y New Hampshire y, después, a arrebatar cuatro escaños republicanos entre Carolina del Norte, Ohio, Texas, Alaska, Maine, Kansas, Iowa, Nebraska y Carolina del Sur.
Sobre el papel, Cook Political Report sitúa siete contiendas en situación de empate técnico: Alaska, Iowa, Maine, Michigan, New Hampshire, Ohio y Texas. Los últimos sondeos de The New York Times y Siena daban ventaja demócrata en Michigan, Texas, Kansas, Maine y Ohio, una ligera ventaja en Alaska y un empate prácticamente total en Iowa. El problema está en la letra pequeña. Desde 2002, en estados con tendencia republicana, los candidatos republicanos al Senado han superado de media en 3 puntos porcentuales su margen final respecto a lo que anticipaban las encuestas. Y cuando la ventaja era de 2,5 puntos o menos, las encuestas solo acertaron el resultado en el 60 % de las ocasiones. Entre los escaños republicanos en juego, los demócratas solo superan ese margen de seguridad de 3 puntos en Carolina del Norte.
Eso deja una sensación incómoda en Wall Street: el Senado parece cotizar más cerca de unas probabilidades del 60/40 que del 75/25. Sorprende, además, que el mercado conceda más opciones a los demócratas en Texas y Alaska de las que justifican los sondeos por sí solos.
Texas marca las 21:00; Maine y Alaska pueden alargar el suspense
19:30, hora de Nueva York. Cierran los colegios electorales de Carolina del Norte y Ohio. Ohio es el primer examen serio. Si Sherrod Brown tropieza pronto, las probabilidades de una victoria demócrata en ambas cámaras pueden desinflarse en cuestión de minutos.
20:00, hora de Nueva York. Entran en juego Maine, buena parte de Texas, Kansas y Michigan. Maine cuenta los votos despacio y puede necesitar una segunda vuelta.
21:00, hora de Nueva York. Llega el momento decisivo. Cierran los colegios electorales de Texas, Michigan, Kansas, Iowa y Nebraska. Goldman Sachs y Decision Desk HQ señalan Texas como punto crítico, con el condado de Collin como indicador especialmente útil.
Medianoche / 1:00 de la madrugada, hora de Nueva York. Llegan Hawái y Alaska. El último colegio electoral cierra en las islas Aleutianas a la 1:00 de la madrugada de Nueva York. El recuento puede prolongarse bastante más.
La jornada ya está dejando algunos problemas operativos. El condado de Westchester, en Nueva York, sufrió un fallo generalizado de los escáneres; en el condado de Broward, Florida, hubo retrasos técnicos de entre 10 y 15 minutos y cambios de colegios electorales por inundaciones; y en el condado de Fulton, Georgia, fallaron dos escáneres durante la votación anticipada, afectando a unos 1.069 votos, aunque las autoridades insistieron en que se contabilizarían correctamente.
El atasco serio puede llegar después. Maine utiliza un sistema de voto preferencial en las elecciones federales, en el que los votantes ordenan a los candidatos por preferencia. Los municipios tienen dos días para remitir el recuento oficial y Shenna Bellows ha recordado que ese resultado suele conocerse durante la semana posterior a las elecciones. Si hay una segunda vuelta, debe certificarse antes del 18 de diciembre.
Alaska acepta votos enviados desde fuera de Estados Unidos hasta 15 días después de la jornada electoral. Y ahí aparece uno de los elementos más extraños de la noche: el Departamento de Justicia estadounidense ha presentado una demanda para bloquear la certificación si gana Mary Peltola mientras Daniel J. Sullivan siga figurando en la papeleta, el candidato señuelo que ha abierto un nuevo frente legal.
Para los mercados, las previsiones están bastante definidas. JPMorgan calcula que una victoria demócrata en ambas cámaras, escenario al que asigna un 66 % de probabilidades, movería al S&P 500 entre -0,25 y +0,50 puntos porcentuales. Un Congreso dividido, con un 26 % de probabilidades, dejaría una subida de entre el 0,5 % y el 1 %. Por último, una victoria republicana en ambas cámaras, con un 7 % de probabilidades, apuntaría a un avance de entre el 1 % y el 1,25 %.
Bank of America no lo ve tan tranquilo: Michael Hartnett considera que una victoria demócrata en ambas cámaras sería un escenario de fuerte aversión al riesgo, con posibles caídas superiores al 10 % en bolsa. En el mercado de deuda, Mizuho estima que una victoria demócrata en ambas cámaras añadiría unos 2 puntos básicos a la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años, situada esta mañana en el 4,91 %, mientras que un Congreso dividido restaría unos 3 puntos básicos.

La Cámara de Representantes parece una batalla prácticamente resuelta para el mercado. El Senado, no. Y si la mayoría acaba dependiendo de Alaska, el foco puede pasar de Texas, a las 21:00, a un recuento y una batalla legal que podrían prolongarse hasta el Día de Acción de Gracias.