Toyota ha tomado la decisión de suspender completamente su apoyo financiero y patrocinio a proyectos relacionados con la comunidad LGBT y otras iniciativas vinculadas a grupos minoritarios.
Esta medida incluye el fin de su participación en actividades públicas como desfiles del orgullo y el uso de símbolos de diversidad, como la modificación de logotipos o avatares corporativos para reflejar apoyo a estas causas.
Adicionalmente, la empresa ha cerrado todos sus programas internos destinados a promover la diversidad e inclusión entre sus empleados. Esta decisión representa un cambio significativo en la estrategia de responsabilidad social corporativa de Toyota, que previamente había participado activamente en estas iniciativas.
Este no es el primer caso en que la compañía se distancia de temas sensibles o controvertidos. Anteriormente, Toyota también optó por no renovar su patrocinio del Comité Olímpico Internacional, citando la creciente influencia de cuestiones políticas en el deporte como una de las razones para no continuar con ese apoyo.
La decisión de Toyota llega en un momento en que muchas empresas globales están reevaluando su enfoque hacia la diversidad y su participación en cuestiones sociales y políticas, equilibrando la presión de distintos sectores sociales y su imagen pública a nivel global.
Cada vez más empresas se han cansado del ESG impuesto por las élites.