
Un bloc a la vista de las cámaras y una nota escrita a mano bastaron para agitar el mercado. Reuters publicó el viernes una fotografía del cuaderno de Scott Bessent en una reunión de gabinete en Camp David. Bajo el epígrafe “To Do” aparecía una orden muy concreta: comprar yenes por valor de “$5-10 bil.”. No es un detalle menor. Refuerza la idea de que Tokio y Washington ya actúan de forma coordinada para frenar la debilidad de la moneda japonesa.
Bloomberg adelantó que la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, podría anunciar tan pronto como el lunes por la mañana que ambos gobiernos están coordinando pasos en el mercado de divisas. Reuters ya había informado de que Katayama confirmará la acción conjunta y remarcará el compromiso de las dos partes contra lo que consideran caídas excesivas del yen. El contenido final del anuncio, eso sí, seguía en elaboración.

El mercado tuvo un anticipo muy claro. Según Bloomberg, las autoridades japonesas compraron yenes y vendieron dólares durante la sesión de Nueva York del viernes. Al cierre, la divisa japonesa cotizaba en 157.40 por dólar, su nivel más fuerte desde comienzos de mayo. Solo dos días antes rondaba su zona más débil desde 1986. El giro ha sido rápido. Y muy visible para quien siga el cruce.
Detrás del rebote hubo varias palancas a la vez: compras directas de yen, llamadas de funcionarios a bancos que negocian la divisa y presión verbal de Bessent y de la propia Katayama. Japón había optado al principio por el guion clásico del silencio mientras la operación seguía abierta, dejando apenas pistas sobre el apoyo de Estados Unidos. Ese libreto aguantó jueves y viernes. Luego llegaron las filtraciones, los titulares y la libreta de Bessent. A partir de ahí, seguir con el “no haemos comentarios” tenía poco recorrido.
“Comprar jenes japoneses (JPY) $5-10 bil.”
Lo relevante empieza después de la intervención. Reuters citó a un funcionario sin identificar para asegurar que la operación conjunta seguía abierta. Y James Thorne, Chief Market Strategist at Wellington Altus, llevó el foco a otro sitio: el tramo largo de la deuda de Estados Unidos. Su tesis, difundida en X, es que el Tesoro entiende que esa parte de la curva se mueve por flujos y no por el viejo relato del susto inflacionista que Wall Street recicla cada vez que repuntan las rentabilidades.
Ahí Japón pesa mucho. Si Tokio tiene que defender el yen con más intensidad, el ministro de finanzas podría verse forzado a vender U.S. Treasuries. Cuando el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense pasa de sostener papel a soltar posiciones, la parte larga de la curva se repricia. El movimiento no es menor porque toca dos mercados a la vez: divisas y bonos.
Por eso empiezan a aparecer lecturas más ambiciosas. Hay quien ve en este episodio el aire de un nuevo Plaza Accord e incluso la apertura de un “Bretton Woods 2.0”. Puede parecer exagerado, pero la idea de fondo merece atención. Desde los años 80, Japón ha sido una pieza central del yen carry trade, exportando ahorro y ayudando a mantener un mundo de tipos comprimidos y apalancamiento barato. Si ese engranaje empieza a romperse, cambia bastante más que un cruce de divisas.
Esa lectura va un paso más allá. No habla de un nuevo régimen de inflación, sino de liquidación de reservas, ajuste global y un mercado de capitales con más peso que los bancos centrales en la fijación de tipos, sobre todo con el fin del QE y la posible recta final del carry trade del yen. A esa presión se suma otro factor: las grandes tecnológicas, que antes absorbían duración, ahora demandan crédito para financiar infraestructura de IA, centros de datos, chips y energía. Más oferta de deuda, menos red de seguridad. También por ahí se entiende el movimiento del tramo largo.
Falta ver hasta dónde llega la coordinación entre Tokio y Washington y si el anuncio previsto para el lunes concreta herramientas o se limita a reforzar el mensaje. Pero una cosa ya está clara: el yen ha dejado de ser un problema exclusivamente japonés. Cuando Estados Unidos entra en la foto, el mercado entiende que hay algo más grande en juego.