
El periodo de QE ha terminado. Ese mensaje es el que podemos sacar tras el G20 de Carolina del norte, donde se dejó cae el fin de una era y la apertura de un cambio de régimen en la política monetaria de EEUU.
¿En que consiste?. La idea ya no sería seguir hinchando el balance del banco central, sino empujar crédito hacia usos productivos con ayuda del sector privado.
La tesis parte de una comparación sencilla. En la crisis financiera global, familias y empresas iban pasadas de deuda y el banco central absorbió buena parte del problema ampliando balance. Ahora el dibujo se ha invertido: el sector privado aparece relativamente poco apalancado y es el banco central el que carga con el exceso. Si eso es así, repetir la receta de la liquidez masiva tendría menos recorrido que antes.
En TradingPRO os queremos traer varias señales sacadas de la letra pequeña del G20. Una de las más relevantes pasa por el Financial Stability Board. Igual que la cumbre de Pittsburgh de 2009 sirvió para fijar nuevas reglas tras la gran crisis financiera, la lectura ahora es que el FSB estaría incorporando la IA al marco de los acuerdos de Basilea.
El texto habla de stablecoin, Bitcoin y SOFR como infraestructura de la siguiente etapa y sitúa el cierre del esquema global de stablecoin después de un eventual Bretton Woods 2.0. Llama la atención que Bessent figure como uno de los defensores de esa aproximación: no elegir ganadores desde el Estado, pero sí orientar capital privado hacia objetivos estratégicos.
Por fin volvemos a la idea de que el crecimiento sale de expandir crédito hacia actividades productivas, no de alimentar ingeniería financiera, algo que echábamos de menos. Esto beneficiará de nuevo a Main Street por encima de Wall Street.
En este sentido, la derivada industrial es clara. Si la infraestructura del siglo XXI es digital, el capital irá hacia IA, redes y sectores ligados a la seguridad nacional. El G20, según esta visión, estaría metiendo a bancos y grandes instituciones privadas dentro del mecanismo de asignación de crédito. Eso cambia el guion. Ya no sería inundar el sistema y esperar; la apuesta pasaría por marcar dirección y dejar que un tejido privado más descentralizado ejecute. Es la lógica de un mundo multipolar en el que habrá que escoger bando entre EEUU y China.
No es raro que occidente empiece a "copiar el modelo Chino. El sistema de crédito dirigido ha dado a Pekín más peso económico, mientras EEUU, sobre todo desde 1971, se ha entregado a la financiarización, a la concentración bancaria y a un modelo con menos competencia real.
Kevin Warsh puede ser la figura llamada a cambiar de régimen. Si EEUU opta por alargar el modelo anterior, corre el riesgo de convertirse en el gran carry trade del resto del mundo durante décadas.
La idea de fondo es áspera pero coherente con todo comentado en el G20: si EEUU quiere reconstruir capacidad industrial, no le valdrá con más QE. Necesita crédito para quien todavía puede invertir y crear oferta, es decir, Main Street, y necesita llevar ese dinero a infraestructura del siglo XXI. Papel para la liquidez indiscriminada, cada vez menos. Papel para el crédito dirigido, bastante más.