
45 billones de dólares es la barrera aproximada que tendría que superar un accionista de Tesla para poder demandar si Elon Musk intentara fusionar la automovilística con SpaceX bajo la ley corporativa de Texas. La cifra es importante porque explica por qué una operación que sobre el papel dispararía las alarmas por conflicto de interés empieza a tratarse en serio entre inversores, analistas e incluso dentro del entorno de SpaceX.
La chispa la ha puesto la salida a bolsa récord de SpaceX. Según recoge The New York Times, ese estreno ha alimentado la especulación sobre un siguiente paso mucho más ambicioso: unir SpaceX con Tesla y levantar un conglomerado tecnológico valorado en torno a $4 trillion, con exposición a cohetes, inteligencia artificial, satélites, coches eléctricos, robótica, energía y redes sociales.
No hablamos de dos compañías sin relación previa. Ya comparten personal, colaboran en proyectos relevantes y tienen vínculos de negocio en áreas como el desarrollo de IA, los centros de datos, las baterías y la venta de vehículos. Visto así, el relato industrial existe. Y eso basta muchas veces para que entren manos fuertes y el mercado empiece a descontar escenarios que hace unos meses parecían ciencia ficción.
La operación tendría una peculiaridad evidente: Musk controla SpaceX y es el mayor accionista de Tesla. Sería, en la práctica, negociar consigo mismo. Eso abre la puerta a críticas por conflicto de interés y a posibles pleitos accionariales. Ahora bien, varios expertos citados por The New York Times apuntan a que impugnarla no sería sencillo.
La razón está en Texas, donde ambas empresas están ahora domiciliadas. Allí, por regla general, los accionistas necesitan al menos un 3% del capital para demandar. Traducido al caso de Tesla, eso exigiría alrededor de $45 billions en acciones. La cifra deja fuera a casi cualquiera. Papel para protestar puede haber; capacidad real para litigar, bastante menos.
Aun así, Musk no tendría vía libre absoluta. La fusión necesitaría el respaldo de dos tercios de los accionistas de Tesla. Él controla cerca del 20% del poder de voto y buena parte del mercado ha apoyado históricamente sus iniciativas. También llama la atención que el consejo de Tesla haya tendido a alinearse con Musk y que SpaceX haya incorporado recientemente a su consejo a Roelof Botha, viejo aliado del empresario.
Los defensores del movimiento sostienen que Tesla puede aportar experiencia en chips, IA y construcción de centros de datos para reforzar las ambiciones orbitales de SpaceX en infraestructuras, comunicaciones por satélite y computación basada en el espacio. Ark Invest, accionista en las dos compañías, considera que la combinación tiene sentido estratégico, aunque preferiría esperar a que madure primero el negocio del taxi autónomo de Tesla.
Los frentes críticos están bastante claros: demandas por fraude bursátil, escrutinio antimonopolio y objeciones ligadas a seguridad nacional. No sorprende. Si se mezclan IA, robótica, comunicaciones y tecnología espacial bajo un mismo paraguas, los reguladores mirarían con lupa. Pero incluso ahí hay matices. James Spindler, profesor de derecho corporativo en la University of Texas School of Law, sostiene que mientras Musk siga gestionando bien el negocio y la cotización continúe subiendo, llevar adelante una demanda por fraude bursátil tendría un listón muy alto.
Al final, el freno más serio quizá no esté en los tribunales sino en el dinero y en el ánimo del mercado. Cuando las acciones suben y los accionistas ganan dinero, suele haber menos ganas de soltar posiciones por cuestiones de gobierno corporativo. Charles Elson, fundador del Weinberg Center for Corporate Governance at the University of Delaware, lo resumió con una imagen muy gráfica al hablar del apoyo del que goza Musk: tiene una hinchada dispuesta a seguirle casi adonde quiera ir.
Y ese es precisamente el punto. La especulación sobre una fusión entre SpaceX y Tesla ya no parece una ocurrencia marginal. Sigue siendo solo eso, especulación. Pero empieza a tener estructura industrial, cobertura legal potencial y una base accionarial predispuesta a comprar el relato.