
Más de 7 millones de registros en pocas semanas. Con ese volumen ya sobre la mesa, el Departamento del Tesoro de EEUU ha decidido acotar pronto el terreno: los fondos construidos alrededor de criterios ESG quedarán fuera de las llamadas Trump Accounts. El movimiento no es menor, porque fija desde el arranque qué tipo de producto podrá captar ese dinero.
Según el marco propuesto, adelantado por Fox Business, los índices que quieran ser elegibles deberán replicar tramos amplios de la renta variable de EEUU o de la bolsa global y hacerlo con criterios financieros objetivos. Traducido al lenguaje de mercado: exposición amplia al índice, sí; filtros temáticos vinculados a sostenibilidad o gobernanza, no.
"«El sector empresarial estadounidense ha rechazado la ideología ESG, y no permitiremos que forme parte de las cuentas de Trump», declaró a dicho medio el secretario del Tesoro, Scott Bessent..
La razón oficial mezcla política y diseño de producto. Desde hace tiempo, el ala republicana critica que muchos fondos ESG introducen prioridades ideológicas que pueden quedar por delante de la rentabilidad del inversor. Ahora esa crítica sube un peldaño: pasa del debate público al perímetro regulatorio de un vehículo que, al menos por número de altas, ha arrancado con fuerza.
Las Trump Accounts se lanzaron el 4 de julio y ya han atraído más de 7 millones de registros, según una portavoz del Tesoro citada por Fox Business. Hay otro dato que explica la rapidez con la que Washington quiere cerrar este frente: Más de 2 millones de niños inscritos reúnen los requisitos para recibir una contribución federal de 1.000 dólares.. Cuando el flujo potencial es tan grande, definir el universo invertible deja de ser una cuestión técnica.
Un sello cada vez más discutido
El veto llega, además, con la industria ESG todavía peleando con sus propias contradicciones. Los críticos llevan años señalando casos difíciles de encajar. Uno de los más repetidos: grandes tabaqueras llegaron a obtener mejores puntuaciones ESG que Tesla. Elon Musk lo resumió hace unos años con un mensaje muy concreto: Exxon aparecía entre las diez mejores del mundo en medioambiente, social y gobernanza para el S&P 500, mientras Tesla ni siquiera entraba en la lista.
La controversia siguió este año con otra decisión llamativa. MSCI asignó a SpaceX el "menor rating posible ESG", al tiempo que grandes petroleras y compañías de defensa figuraban con notas altas. Eso no demuestra por sí solo que todo el esquema esté roto, pero sí retrata un problema de fondo: muchas metodologías ESG se han convertido en un campo de batalla reputacional y político. Y eso, para una parte del mercado, resta claridad.
Lo que hace ahora el Tesoro es tomar partido de forma explícita. Si una Trump Account invierte en índices, esos índices tendrán que representar segmentos amplios del mercado y construirse con métricas financieras objetivas. Se cierra así una puerta para las gestoras que habían colocado el sello ESG como argumento comercial y se abre otra para el papel más clásico: beta amplio, reglas sencillas y menos margen para la interpretación ideológica.
La señal al sector es bastante nítida. Quien quiera entrar en estas cuentas tendrá que hacerlo con productos generalistas y sin el barniz ESG que dominó una parte del escaparate financiero en los últimos años.