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TradingPro22 de julio de 2026

El Clarity Act gana tracción en el Senado y Coinbase aprieta

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El atasco está en un número: 60 votos. Ahí se juega ahora el Clarity Act, la norma con la que Washington quiere poner reglas federales al negocio cripto, y Coinbase cree que el papel empieza a moverse en la dirección correcta.

Ryan VanGrack, vicepresidente de Coinbase y exfuncionario de la SEC, aseguró en CNBC que el proyecto tiene un “momentum tremendo” en el Senado. No es un matiz menor. La Cámara de Representantes ya aprobó su versión el año pasado, pero el verdadero filtro está ahora en la cámara alta, donde sacar adelante cualquier texto con ambición regulatoria exige bastante más que ruido político.

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VanGrack quiso cortar de raíz una idea que pesa sobre todo este debate: que la industria busca barra libre. Su mensaje fue justo el contrario. Según defendió, la norma no persigue desregular, sino someter por primera vez al sector a un marco federal claro. Es una forma de vender el texto que busca atraer a los escépticos y, de paso, quitarle munición a quienes ven otro regalo a Silicon Valley o a las plataformas cripto.

Protección al inversor y ventana política estrecha

El avance existe, pero el calendario aprieta. El Comité Bancario del Senado dio luz verde al proyecto esta primavera por 15 votos frente a 9, con dos demócratas sumándose al bloque favorable. Los miembros de la Cámara han pedido al Senado que actúe antes del receso de agosto, mientras los negociadores siguen puliendo los términos pendientes. La propia fuente admite que el texto está en una ventana estrecha.

Llama la atención que Coinbase esté subrayando las concesiones logradas por los demócratas. VanGrack sostuvo que esos cambios refuerzan la protección al consumidor y citó cuatro puntos concretos: un marco contra las finanzas ilícitas, el cierre de una “FTX loophole”, salvaguardas frente al uso de información privilegiada y mayores exigencias de información. El movimiento tiene lógica política: si quieres acercarte a los 60 votos, necesitas vender control, vigilancia y menos zonas grises.

También precisó que la ley no alteraría de forma fundamental la clasificación de los criptoactivos como commodity o valor, y que preservaría la estructura de registro, examen y supervisión incluida en la versión aprobada por la Cámara. Traducido al lenguaje de mercado: no cambia todo el tablero, pero sí fija reglas donde hoy domina la niebla.

Donald Trump metió además presión pública la semana pasada con un mensaje en Truth Social en apoyo al senador Lindsey Graham y reclamando al Senado que saque adelante la norma. Volvió a envolverlo todo en la competencia con China, una palanca política recurrente cuando toca acelerar legislación industrial o financiera en EEUU.

Wall Street se acerca al cripto, aunque siga frunciendo el ceño

VanGrack aprovechó la entrevista para empujar otra idea: la convergencia entre finanzas tradicionales y cripto ya está en marcha. Dijo que “no pasa una semana” sin que alguna firma anuncie un nuevo proyecto o inversión vinculada al sector. Puede sonar interesado —lo es—, pero hay hechos detrás del relato.

JPMorgan y Coinbase han anunciado una alianza para ampliar el acceso a cripto. El banco también ha dado pasos para aceptar bitcoin como colateral en préstamos y permitir a clientes operar con él. Eso sí, la foto sigue teniendo grietas. Jamie Dimon mantiene su oposición frontal al Clarity Act y ha cargado contra Brian Armstrong. Hay tregua operativa, pero no paz ideológica.

“A falta de claridad, no se cuenta con un marco ni una supervisión a nivel federal.” dijo VanGrack en CNBC.

La parte más incómoda llegó cuando Andrew Ross Sorkin planteó si blockchain puede ser real aunque bitcoin no lo sea. VanGrack aceptó que era “justa pregunta” y defendió las ventajas funcionales de esta tecnología: liquidación más rápida, más transparencia y operaciones las 24 horas. Citó además una nueva inversión relevante de Citadel Securities en la economía cripto durante la semana pasada como señal del giro institucional.

No esquivó del todo el problema central: si quitas intermediarios, también desaparece alguien a quien llamar cuando algo sale mal. Su respuesta fue comparar ese riesgo con los costes del sistema actual, donde conciliar operaciones lleva días y ese retraso genera riesgo de contrapartida. Quedan preguntas abiertas —como si las cuentas cripto deben ofrecer intereses o recompensas—, pero Coinbase está centrando el debate donde le interesa: mejor regulación concreta que vacío regulatorio.

Y ahora mismo, esa batalla pasa por contar hasta 60.

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