Más de $2.3 trillion en contratos de computación ya están firmados en los libros de los cuatro mayores proveedores cloud de EEUU, pero buena parte de ese dinero aún no se factura. No es un detalle contable. Ahí sitúa Groundbreaker, en una nota difundida por ZeroHedge, el punto ciego del rally de la inteligencia artificial.
La tesis entra por un sitio incómodo para el mercado: la IA no estaría viviendo un ciclo tecnológico al uso, sino algo más parecido a un ciclo de crédito con periodo de gracia. El paralelismo que plantea llama la atención. Lo compara con las hipotecas subprime 2/28 de 2006: dos años de tipo bajo y luego un salto del 30% al 50% en la cuota.
Del contrato al recibo
En la infraestructura de IA, el equivalente serían los contratos take-or-pay. Se firman hoy, pero el pago arranca cuando el centro de datos entra en servicio. Ese desfase suele irse a 24 a 36 meses. Mientras dura, todos salen bien en la foto: el vendedor enseña backlog disparado, el comprador no refleja aún el gasto y la bolsa compra ese papel como si ya fuese ingreso futuro.
El ejemplo que usa el informe es Oracle: su RPO creció un 363% en un solo ejercicio fiscal. El dato impresiona, eso sí, porque luce impecable mientras la obligación real sigue en la cocina. El giro llega después: cuando lo comprometido pasa de estar firmado a empezar a facturarse, con independencia de la utilización. Ahí termina el periodo promocional.

Groundbreaker pone cifras a esa lectura. La deuda bruta reportada en todo el complejo de IA ronda $470bn, pero el valor presente de los compromisos no cancelables de computación y capacidad asciende a $1.66 trillion. La obligación económica total sería de $2.1 trillion. Para medir la escala, las hipotecas subprime vivas en marzo de 2007 sumaban alrededor de $1.3 trillion.
Hay otro matiz que no conviene perder de vista. De los $2.3 trillion de backlog y obligaciones de desempeño pendientes en los grandes proveedores cloud de EEUU, alrededor de $1.0 trillion dependería de solo dos contrapartes: OpenAI y Anthropic. Concentración alta. Y ambas, recuerda el análisis, queman caja.
OpenAI, en el centro del muro
Donde más aprieta el argumento es en OpenAI. La firma, con unos $40 billion de ingresos anualizados, habría firmado $1.4 trillion en compromisos de computación. Entre junio y diciembre de 2025, según el análisis, cerró cerca de $1.2 trillion. Hubo un tramo en octubre de 2025, de unas tres semanas, en el que el valor nocional anunciado superó la capitalización bursátil del 95% de las compañías del S&P 500.
La reacción del mercado fue inmediata. En los días en que se anunciaron los mayores acuerdos, Oracle, Nvidia, AMD y Broadcom sumaron $636 billion de valor en bolsa. El movimiento no es menor: una parte del tirón en semiconductores y cloud se ha apoyado en contratos que aún no han pasado la prueba del cobro.
La clave aquí no es negar la demanda de IA. La hay, y mucha. Lo que este análisis cuestiona es el calendario. Casi todos esos contratos empiezan en 2027-2028, de modo que el riesgo se concentra en una ventana muy estrecha. Bajo el propio plan de la dirección, sostiene el informe, el coste de computación de OpenAI superaría el 200% de los ingresos en el pico de 2027. No aparece un escenario en el que cubra esa factura solo con ventas el año en que llega el muro.
Anthropic sale mejor en la foto: sus compromisos de computación tocarían un máximo cercano al 60% de los ingresos en 2027 y luego bajarían. Sigue habiendo presión, pero no la misma asfixia. La conclusión que deja el informe es bastante menos grandilocuente de lo que parece a primera vista: el problema no sería que la IA no funcione, sino que la estructura financiera puede torcerse antes de que la demanda termine de madurar. Dicho de otra forma, el mercado está celebrando el backlog; el examen empieza cuando llegue el recibo.