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TradingPro23 de septiembre de 2026

EEUU ya dedica casi el 14% de su gasto a pagar intereses

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Casi 14 de cada 100 dólares que gasta Washington ya van a intereses. No a carreteras, defensa o investigación. A intereses. Ese 13.95% del gasto federal en el 2026, con un 14.25% previsto para 2027 y cerca del 15% en 2028, es el dato que mejor resume el aviso que lanza un análisis de Milan Adams para Preppgroup: la economía de EEUU sigue en pie, sí, pero cada vez aguanta peor su propia carga.

La cifra gruesa impresiona: la deuda federal alcanzó $40.13 billones el 8 de septiembre de 2026, unos $119,784 por habitante. Lo que de verdad aprieta es la velocidad a la que se encarece mantenerla. Hasta agosto del ejercicio fiscal 2026, los pagos brutos de intereses sumaban $1.267 billones, con una rentabilidad media del 3.475% sobre la deuda negociable. Hace no tanto, ese coste estaba cerca de cero.

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El movimiento no es menor. La Oficina del Presupuesto dle Congreso calcula $16.2 billones en intereses netos durante la próxima década, desde $1.0 billones en 2026 hasta $2.1 billones en 2036. Y el déficit fiscal de 2026 apunta a más de $2.67 billones. Traducido a lenguaje de mercado: el Tesoro tiene que seguir colocando papel para refinanciar vencimientos, pagar más por ese dinero y cubrir nuevo agujero al mismo tiempo. La subasta de letras a cuatro semanas marcó una ratio bid-to-cover de 2.97 en agosto de 2026, suficiente, aunque no sobrada. Llama la atención que la confianza exterior ya no sea tan automática: Rusia ha reducido exposición y otros países diversifican reservas fuera del dólar.

La tensión ya está en las familias y en los balances bancarios

El problema no se queda en Washington. La deuda del consumidor llegó a $18.19 billones en el Q1 2026, según nuestros calculos. El deterioro en tarjetas empieza a oler a 2008: la morosidad de saldos con más de 90 días de retraso saltó del 7.6% en el Q3 2022 al 12.8% en el Q1 2026. Los préstamos estudiantiles tampoco ayudan. Suman $1.66 billones y el retraso grave subió al 10.3% desde el 9.6% del Q4 2025. En los préstamos para automóviles, la Fed de Nueva York habla de máximos históricos de mora.

La vivienda añade otra capa. Las hipotecas rondaban el 6.57% en primavera de 2026, muy lejos del 3% que muchos propietarios fijaron durante la era del dinero barato. Ese bloqueo de tipos frena la rotación y mantiene los precios donde los compradores primerizos no llegan. Harvard calcula que las viviendas asequibles para hogares con ingresos de $75,000 o menos se hundieron un 60% entre marzo de 2019 y marzo de 2026.

Si hay un foco especialmente incómodo, ese es el inmobiliario comercial. Durante 2026 vencen alrededor de $875 mil millones en hipotecas comerciales y multifailia. El mercado de oficinas sigue tocado por el trabajo híbrido, con ocupaciones un 30%-40% por debajo de los niveles previos a la pandemia en muchas grandes ciudades. En algunos mercados metropolitanos, la tasación de oficinas ha caído más del 50% frente a 2019. Quien tiene ese riesgo en balance son, sobre todo, los bancos regionales. A junio de 2026, casi $37 mil millones en préstamos ligados a commercial real estate estaban en mora, el 1.17% del total bancario. No parece 2008, todavía. Sorprende, eso sí, que ya haya entidades buscando capital a precios de derribo o alternativas estratégicas, mientras el colapso de Metropolitan Bank a comienzos de 2026 costó unos $19.7 million al fondo de garantía de la FDIC.

El informe remata con dos señales que el mercado suele vigilar de reojo hasta que dejan de ser ruido. El oro llegó a superar los $5,589 a comienzos de 2026 y después corrigió hacia $4,360 en septiembre. Mucha volatilidad para un activo que, en teoría, sirve de refugio. Fuera de EEUU, el FMI sitúa a más de 54 países en o cerca de estrés de deuda, mientras el EMBI de JPMorgan se abrió 17 puntos básicos hasta 268 puntos básicos desde finales de febrero de 2026; Egipto empeoró 44 puntos básicos y Turquía, 36.

Lo chocante es que todo esto convive con una tasa de paro del 4.1% en agosto de 2026, bolsas cerca de máximos en algunos tramos y una apariencia de normalidad bastante convincente. Justo ahí está la gracia amarga del análisis: la superficie todavía aguanta, pero debajo coinciden deuda soberana por encima del 120% del PIB, hogares más apalancados, oficinas vacías y financiación global más nerviosa. Cuando tantas grietas se abren a la vez, el mercado suele tardar en descontarlo. Y cuando por fin lo hace, lo hace deprisa.

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