Existe mucha preocupación en el mercado por los aranceles que está planeando poner Trump a nivel global. Es verdad que las bolsas mostraron cierta calma con la pausa en México y Canadá, pero realmente hablamos de un ataque frontal al libre mercado que puede hacer mucho daño a la economía.
La teoría del presidente y su equipo económico es clara. Durante décadas, otras economías han aprovechado a Estados Unidos, y ya es hora de que el país se defienda. De hecho, hay incluso teorías académicas seudo liberales que defienden que las medidas de Trump podrían ser beneficiosas para los estadounidenses, tanto productores como consumidores.
Es verdad que la idea de que los aranceles los terminan pagando al 100% los consumidores no es del todo exacta. Los cambios en el tipo de cambio, por ejemplo, hacen que las empresas extranjeras puedan pagar una parte importante de esos aranceles.
Sin embargo, el hecho de que afecte más o menos al consumidor no debe alejarnos de la base de toda esta mediada, y es un ataque contra el libre mercado en un mundo ya globalizado y donde la especialización del trabajo ha sido el factor nuclear del progreso económico.
En primer lugar, Trump quiere poner aranceles a todos los productos. Por lo general, un consumidor compra productos de fuera cuando no existe el nacional o existe a mayor precio o menor calidad. Por lo tanto, poner un impuesto a los productos de fuera se traduce en una doble medida proteccionista: Gravar al consumidor y subsidiar al productor nacional.
Se está empujando así a una redistribución de la renta del consumidor al productor. Además una redistribución que perjudica a una actividad eficiente (importaciones) y beneficia a una actividad ineficiente (producción doméstica).
Trump es muy consciente de estas distorsiones económicas, pero su plan va mucho más allá del plano económico. Su estrategia es clara: hacer que sea más caro producir en el extranjero y contratar a extranjeros, mientras reduce los costos de producir y contratar en Estados Unidos. Las políticas de desregulación, impuestos más bajos y energía abundante ayudan a reducir los costos de producción en el país. A la vez, los aranceles aumentan los costos para las empresas que producen fuera.
En este artículo explicamos como su objetivo es cambiar el orden económico mundial establecido después de la IIWW y que dejó a EEUU como consumidor neto (exportador de divisa reserva) y al resto del mundo como productor neto.
Esto explica la obsesión proteccionista de Trump a pesar de las externalidades negativas que pueda generar en política económica.
Además, como dice el economista Art Laffer, economista que varias veces ha nombrado Trump en sus discursos, en una guerra comercial no hay ganadores absolutos, pero las pérdidas no son iguales para todos. Por ejemplo, casi todas las exportaciones de Canadá van a Estados Unidos, mientras que solo una pequeña parte de las exportaciones estadounidenses va a Canadá. Si el comercio entre ambos se detiene, Canadá sufrirá una fuerte recesión, mientras que para EEUU solo será un pequeño obstáculo.
Trump tiene la ventaja. Y lo sabe.
Pueda salir mejor o peor y entendiendo el fondo de la agenda, lo que es evidente es que una guerra comercial, en agregado, es un paso atrás para el economía mundial. Liberales, social demócratas y hasta colectivistas han entendido que el libre mercado es la mejor forma de progreso económico y esta constatada realidad es la que se quiere cargar Trump. Cualquier persona que apoye el capitalismo debería estar frontalmente en contra de estas medidas.
En este video analizamos el impacto de toda esta agenda en el dólar, que será, de largo, el gran driver del mercado.