Entre 1900 y 1920, los caballos dejaron de ser el principal medio de transporte en EEUU. Con la aparición de los coches, como de cualquier nueva tecnología, surgió el pánico por la desaparición masiva de puestos de trabajo, pánico que siempre resulto infundado.
Al principio de ese periodo, el 95% de los trayectos en vehículos privados se hacía con carros empujados por caballos, pero sólo quince años después, esa cifra había caído por debajo del 20%. Imaginaros la revolución. Ciudades como Nueva York, que tuvieron una adopción muy rápida del automóvil, vivieron una transformación radical en el sector del transporte, acompañada de un aumento espectacular de la productividad.
Como los coches podían recorrer distancias mucho mayores que los carruajes y a menor costo, el futuro de los caballos como transporte estaba sentenciado. Cuidadores, ganaderos, fabricantes de piensos, jinetes, etc vieron como su forma de vida entraba en peligro. Pero toda transformación trae oportunidades, por que los factores productivos no desaparecen, sólo se desplazan a otros trabajos mientras, en agregado, los estándares de vida mejoran para la sociedad.
Actualmente nos enfrentamos a un desafío similar. Así como el automóvil desplazó al caballo, ahora los robots están en camino de transformar el trabajo físico humano. La clave está en un conjunto de tecnologías que forman lo que se conoce como motor de trabajo. Esta tecnología permitirá a los robots realizar tareas humanas combinando:
-- Sensores, como cámaras, micrófonos y acelerómetros, para captar información del entorno.
-- Ordenadores y software avanzado, que utilizan inteligencia artificial para procesar esos datos.
-- Actuadores, que permiten a los robots moverse y manipular objetos.
-- Baterías y sistemas de energía, que les proporcionan horas de funcionamiento continuo.
En los últimos años, cada una de estas tecnologías ha mejorado significativamente y se ha vuelto mucho más económica, lo que está acelerando esta nueva revolución.
En los próximas lustros, los robots reemplazarán el trabajo físico en cientos de industrias y sectores. Esta transformación será una de las más importantes en la historia de la humanidad. Así como en las fábricas de hoy vemos un robot por cada diez humanos, en el futuro veremos lo contrario: un humano por cada diez robots.
En principio, esta transformación será similar a la del caballo y el coche. Nacerán nuevas oportunidades donde los factores productivos (también factor trabajo) se desplazarán. El gran desafío llega si a toda esta revolución le introducimos la Inteligencia Artificial. Siempre hemos avanzado para sustituir el trabajo físico humano, con este cambio, lo que se sustituirá no será el trabajo si no la forma de pensar humana.
Y aquí llega el auténtico reto, vamos a tener tecnología para trabajar y razonar. Esto abre un nuevo paradigma donde el ser humano sí puede ser completamente sustituído por las máquinas. La utopía de las películas de ciencia ficción está más cerca que nunca.
La historia demuestra que, aunque los avances tecnológicos han sustituido y desplazado a la mano de obra inicialmente, el trabajo ha evolucionado para mantenerse como complemento de ese capital. Sin embargo, en esta revolución no tiene mucho sentido el trabajo humano (físico o racional) ya que ambos serán sustituidos y mejorados por la tecnología.