
Por encima de los niveles actuales de Bitcoin se concentra una auténtica bomba de relojería: más de 18.000 millones de dólares en posiciones cortas pendientes de liquidación.
En cambio, por la parte baja el panorama es muy distinto. Incluso si el precio retrocediera hasta la zona de los 67.000, la liquidez disponible apenas ronda los 1.000 millones, una cifra casi anecdótica en comparación.

Todo esto ocurre en un entorno dominado por el miedo. El sentimiento es nefasto: FUD por todas partes, ataques constantes, burlas, mensajes de “esto se acaba”, “todo es una estafa”, gráficos prediciendo compras en 30K y una avalancha de “ya lo dije”.
Y aun así, Bitcoin sigue respetando su estructura alcista de fondo. La tendencia macro permanece intacta y ni siquiera se ha perdido el último mínimo creciente.
Lo curioso es que este guion no es nuevo. Ya lo hemos visto en otras ocasiones.
Todo ese ruido, el miedo colectivo y la liquidez que se ha ido acumulando suelen terminar convirtiéndose en el empuje necesario, en el combustible que impulsa el siguiente tramo al alza dentro de la tendencia principal.
Incluso para quienes creen que estamos en un mercado bajista —no es mi caso—, vender o ponerse corto a estos niveles parece poco sensato. Si el precio cae, lo lógico es que antes se barran todas esas posiciones cargadas de liquidez que están por encima.
El pesimismo, mejor reservarlo para cuando realmente toque.