La actual guerra comercial de Trump tiene una agenda mucho más profunda que la recaudación fiscal de aranceles. El objetivo del presidente es reindustrializar Estados Unidos y hacer del país, de nuevo, una gran potencia productora.
Vamos a analizar su plan y cómo Triffin, hace muchas décadas, ya anticipó este escenario.
Estamos siendo testigos del desmantelamiento del orden económico impuesto tras la Segunda Guerra Mundial, donde EEUU impuso el dólar como divisa reserva y se convirtió en un gran importador de bienes y servicios. Es decir, en el gran consumidor del mundo.
Tras la IIWW, EEUU activó agendas como el plan Marshall y Bretton Woods, cuyo objetivo era reindustrializar el mundo mientras éste se llenaba de dólares. De esta manera, Estados Unidos se dedicó a exportar papelitos (dólares) mientras importaba riqueza real (bienes y servicios). Charles De Gaulle llamo a esto "el gran privilegio". La idea era muy simple: EEUU compraría productos extranjeros, tendría déficits comerciales, enviaría dólares al extranjero y permitiría que otros países produjeran bienes. A cambio, otros países usarían el dólar como moneda de reserva mundial, acumulando deuda estadounidense como sus ahorros.
En esencia: El mundo recibía dólares y EE.UU recibía bienes. Y la agenda no fue mal, ya que Europa y Asia se industrializaron muy rápido y vieron importantes niveles de crecimiento en las décadas siguientes.
Estados Unidos parecía haber encontrado la gallina de los huevos de oro, consumía "gratis" mientras el mundo crecía con su plan. Pero en todo este proceso iban naciendo, paralelamente, dos problemas invisibles
1) Poco a poco EEUU se fue olvidando de producir.
2) Con los dólares exportados, el mundo fue comprando activos estadounidenses: Vivienda, acciones y bonos.
El "gran castigo" de Estados Unidos.Empecemos con el primer problema. El dilema de Triffin dice que: "Tener la divisa reserva destroza a largo plazo tu industria y tu sector exportador".
Mientras EEUU enviaba dólares al exterior, la industria manufacturera abandonaba el país. Con el tiempo, EEUU se convirtió en un consumidor, no en un productor.
Por eso, ante shocks como el del Covid, el país depende de otras regiones, como China, para ciertos bienes intermedios o finales. A día de hoy, EEUU no es autosuficiente en cosas muy básicas y eso no le gusta nada a Donald Trump.
La idea del presidente es volver a reindustrializar el país, repatriar las fábricas y favorecer al sector exportador nacional. Por ello, Trump está aplicando esta política de aranceles y tiene tanto interés en que Powell recorte agresivamente los tipos de interés.
Asimismo, quiere atajar el segundo gran problema, la masiva inversión extranjera en empresas y activos estadounidenses.
Los países extranjeros como Japón y China, han ido comprando millones y millones de activos denominados en dólares, por ejemplo, acciones del sector tecnológico, farmacéutico o militar. Es decir, han ido entrando silenciosamente en los consejos de administración y cada vez tiene más peso en la toma de decisiones. Lo mismo con bonos o viviendas.
¿Cómo es posible que la compra de empresas estadounidenses por parte de China resulte en una victoria para Estados Unidos? se pregunta Trump.
Estamos presenciando la reestructuración del orden monetario global en tiempo real:
-- El modelo económico de la IIWW está colapsando.
-- EE.UU. está reindustrializándose y quiere debilitar el dólar (guerra Trump-Powell).
-- El mundo está empezando a demandar más oro (activo neutro).
-- EE.UU. inflará su deuda hasta hacerla manejable.
-- El dólar irá perdiendo peso como divisa reserva, con mucho dolor para el mundo
Este proceso si, finalmente, se ejecuta, será una agenda de muchas décadas. En mi opinión, por lo menos 60-70 años. Quizá sean nuestros nietos los que vean el nuevo sistema monetario.