El escenario que se está desarrollando en Irán podría convertirse en una de las mayores perturbaciones para el mercado petrolero en la historia reciente. Diversas estimaciones apuntan a que alrededor del 20% del suministro mundial de crudo se ha visto afectado o interrumpido de alguna forma, una cifra que superaría ampliamente el impacto de otras crisis energéticas relevantes del pasado.
Para ponerlo en perspectiva, durante episodios históricos como la Crisis del petróleo de 1973 o la Guerra del Golfo de 1990, el porcentaje de suministro afectado fue considerablemente menor. Sin embargo, el contexto actual tiene un elemento adicional que lo vuelve especialmente delicado: la capacidad de producción de reserva a nivel global es extremadamente limitada.
A diferencia de otras crisis petroleras que estuvieron impulsadas principalmente por un aumento fuerte de la demanda, el problema actual combina dos factores simultáneos. Por un lado, se están produciendo interrupciones directas en los flujos de producción y transporte de crudo. Por otro, los países que normalmente actúan como “válvula de seguridad” del mercado —principalmente Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos— tienen dificultades para compensar rápidamente esa pérdida de suministro en los mercados internacionales.
Esto es relevante porque el sistema energético mundial suele depender de esa capacidad de reserva, que permite aumentar la producción cuando ocurre un shock. Si ese margen prácticamente desaparece, el mercado pierde su principal mecanismo de estabilización.
Además, hay otro factor que añade presión: gran parte del comercio mundial de petróleo pasa por rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier tensión o interrupción en esa zona puede amplificar rápidamente el impacto sobre los precios globales.
En conjunto, la combinación de interrupciones de suministro, escasa capacidad de respuesta inmediata y riesgos geopolíticos en rutas clave deja al mercado petrolero en una posición especialmente vulnerable. Esto significa que, si las disrupciones se prolongan, los precios de la energía podrían reaccionar de forma mucho más intensa de lo que hemos visto en crisis recientes.