Las reservas de oro del Tesoro de Estados Unidos representan hoy en día apenas el 2% de la deuda pública total, una de las cifras más bajas registradas en la historia.
Esta realidad contrasta fuertemente con otras épocas, como el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando el oro respaldaba alrededor del 40% de la deuda pública.
Existe una correlación entre el valor del oro y la deuda en Estados Unidos. Si la proporción del oro en relación con la deuda gubernamental aumentara al 17%, el precio del metal precioso rondaría los 24.000 dólares por onza, lo que supondría un incremento de 8,5 veces su valor actual.
En un escenario más extremo, si ese respaldo alcanzara el 40%, el precio del oro podría ascender a 55.000 dólares por onza.
Por supuesto, todo esto asumiendo que Estados Unidos realmente cuenta con las reservas de oro que declara oficialmente.
A lo largo de los siglos, el oro ha sido un pilar fundamental en los sistemas monetarios, sirviendo como un punto de referencia clave en tiempos de alta deuda y apalancamiento financiero.
Para hacer frente a sus crecientes compromisos financieros, Estados Unidos debería considerar fortalecer sus reservas de oro como una estrategia para recuperar disciplina fiscal y monetaria.
Mientras tanto, los bancos centrales de otros países ya han comenzado a incrementar sus reservas de oro en previsión de posibles ajustes en el sistema financiero global.
El tiempo se agota para que Estados Unidos haga lo mismo.