
Hay un dato que retrata bien en qué se ha convertido el email: solo el 13% del tráfico global está redactado por personas. El resto, un 87%, sale de máquinas, plataformas y sistemas automáticos.
Hablamos de uno de los canales básicos de la economía digital, desde una alerta bancaria hasta una newsletter o la confirmación de una compra.
¿Cuantas newsletter de pago conoceis que serán promts metidos en una IA?.

En TradingPRO apostamos por el análisis humano, sobre todo, en lo que se refiere a la información y educación financiera, donde la experiencia profesional es un factor crucial. Sin embargo, no es la tónica general. El cálculo lo aporta un estudio de Hostinger, apoyado en el análisis de mil millones de correos electrónicos procesados en un solo mes. La foto que deja es bastante clara: el email ya no funciona principalmente como una conversación entre usuarios, sino como infraestructura. Envía, responde, clasifica y persigue conversiones. Todo sin intervención humana directa en la mayoría de los casos.
Entre los mensajes que consiguen superar los filtros de seguridad, que son el 44% del total enviado, mandan las herramientas empresariales con un 22%. Después aparecen los proveedores de correo personal, con un 20%; las plataformas de marketing y newsletters, con un 16%; y las redes sociales, con un 15%. Se añaden también emisores de bajo volumen, con un 10%, además de otros sectores como comercio electrónico, servicios financieros o medios.
La clave está en quién escribe realmente esos mensajes. Según el informe, solo dos bloques implican intervención humana directa: el correo personal y los emisores de bajo volumen. Juntos suman un 30% de los emails que llegan a la bandeja de entrada. Traducido al conjunto del tráfico mundial, eso deja ese escueto 13%. Poca opinión humana para tanto ruido digital.
Llama la atención otro dato: el 56% de los correos electrónicos enviados son bloqueados antes de alcanzar al destinatario final. Más de la mitad se queda por el camino. Ahí pesan tres grandes motivos. El phishing, el malware y las redes de bots concentran el 34% de los bloqueos. El marketing considerado sospechoso representa el 22%. Los problemas técnicos en la configuración de dominios explican otro 11% por la saturación brutal que existe.
Cuando el canal se llena de automatismos, promociones y envíos masivos, los filtros endurecen el paso y acaban atrapando también mensajes legítimos. Eso afecta especialmente a las empresas, que necesitan entregar sus comunicaciones pero cada vez se mueven en una autopista más congestionada.
Hostinger pone además el foco en la reputación digital del remitente. Un 34% de los mensajes rechazados está vinculado a una mala reputación. Detrás suele haber envíos masivos, prácticas agresivas en marketing o configuraciones deficientes del dominio.
Desde nuestro punto de vista, el email no ha muerto. Lo que ha cambiado es su naturaleza: menos conversación y más automatización.
Esa transformación tiene otra derivada relevante para cualquier negocio que viva del canal: las métricas clásicas empiezan a decir bastante menos que antes. La tasa de apertura o los clics ya no reflejan siempre el interés real del usuario. La automatización y los sistemas de privacidad han distorsionado esas referencias que durante años sirvieron para medir campañas.
Sorprende poco, visto lo anterior. Si gran parte del tráfico lo generan máquinas y otra parte importante ni siquiera llega a bandeja, las estadísticas dejan de ser una brújula fiable. Muchas compañías siguen afinando sus campañas con indicadores cada vez más contaminados por ese entorno automático.
El resultado es un correo electrónico mucho menos personal y bastante más industrial. Sigue siendo útil, sí. Pero aquel espacio donde dos personas se escribían ha quedado diluido entre notificaciones, promociones y procesos automáticos. Ya casi nadie redacta un email desde cero. Y eso dice bastante del punto exacto en el que está hoy la comunicación digital.