La OTAN no atraviesa sus mejores momentos. Con la llegada de Donald Trump y la puesta en duda de la organización, muchos analistas ya hablan de su inminente colapso.
A lo largo de su existencia, la alianza nunca se ha enfrentado una crisis de esta magnitud. No sería nada sorprendente que la administración de Trump decidiera retirarse de la OTAN. Y en este caso, el cambio geopolítico puede ser de 360 grados.
Este mes de febrero, el secretario de Defensa USA, Pete Hegseth, transmitió un mensaje amenazante a los aliados europeos:
"La dura realidad estratégica no permite que EEUU haga de la seguridad europea su principal prioridad. Los aliados europeos deben asumir un papel protagónico y garantizar por sí mismos la seguridad del continente".
Poco después, la administración Trump adoptó una postura crítica frente a la OTAN en las Naciones Unidas, negándose a respaldar una resolución europea que acusaba a Rusia de una "invasión a Ucrania".
En paralelo, Washington sigue avanzando con determinación en sus esfuerzos por "adquirir" Groenlandia, actualmente bajo soberanía de Dinamarca, un miembro de la OTAN, lo que confirma la rotura interna de las relaciones y el potencial cambio de orden.
Esta tensión tuvo su mayor capitulo con las filtraciones de conversaciones de colaboradores cercanos de Trump (incluido el secretario de Defensa y el vicepresidente) que publicó la prensa en la aplicación Signal. En ellos, se podía leer su desprecio hacia Europa, calificándola de "patética" y manifestando su frustración por lo que consideran una carga financiera insostenible.
Hace tan sólo un año, todos los analistas hablaban de la gran cohesión del bloque de la OTAN, mientras desestimaban a Rusia como potencia. Sin embargo, la retórica ha cambiado drásticamente.
Que viene el lobo...La OTAN nació bajo la premisa de proteger a Europa de la Unión Soviética, sin embargo, con el tiempo, sus objetivos fueron cambiando. En ese proceso, Europa fue reduciendo de forma significativa su inversión militar, dejando de producir armamento propio para adquirir el estadounidense. De esta forma, Europa fue cada vez más dependiente de Washington, mientras que EEUU asumió el peso financiero el eje atlántico.
El error de haber generado cadenas con EEUU es evidente y sólo faltaba la llegada de un líder "populista" para darse cuenta. Donald Trump ve a Europa como una carga, no tanto como un aliado.
El problema es que si ahora Estados Unidos se retira de la OTAN, la UE se quedaría en una situación de vulnerabilidad extrema.
Por eso, en las últimas semanas, Ursula Von del Leyen ha anunciado una agenda de gasto público sin precedentes para la creación de un gran ejército común. Se habla, de hecho, de una inversión de 800.000 millones.
Toda esta expansión del gasto público se hará con cargo a deuda, por lo tanto, existen muchos riesgos de disparar la demanda agregada y, por tanto, la inflación. Y el mercado de bonos fue el primero en reaccionar:
Para justificar una agenda tan polémica y con segundas derivadas que pueden afectar de forma muy perniciosa al bolsillo de los Europeos, el establishment político está trabajando ya en un "chivo expiatorio".
Bruselas dice que hay riesgo de guerra y desde los medios generalistas se insta a la población para prepararse para lo peor, incluyendo el consejo de comprar kits de superviviencia.
Esto, sin embargo, no va a pasar. Rusia es un país nuclear y no hay incentivos por ninguna de las partes. La teoría de juegos nos dice que es un escenario extremadamente poco probable. Sin embargo, como hemos visto, la UE quiere hacer esa inversión enorme de dinero público y para ello necesita que la gente tenga miedo.
Si a la gente se le mete miedo acepta cualquier cosa. Se vio de manera muy clara con las restricciones del COVID, lección que aprendieron bien los burócratas. No vamos a vivir una guerra entre superpotencias nucleares o, por lo menos, esta no vendrá si la propia UE no quiere. Como mucho veremos guerras proxy como Corea, Vietnam o Ucrania.
El propio Putin ha reiterado en varias ocasiones que no piensa atacar a la OTAN. Estas fueron sus últimas declaraciones:
“Lo que dicen acerca de que nos disponemos a atacar Europa después de Ucrania es un completo disparate, alarman a su propia población exclusivamente para sacar dinero a su propia gente”.
Las malas decisiones pasadas están obligando a la Unión Europea de desembolsar, en el muy corto plazo, una cantidad de dinero histórica que pagarán los ciudadanos con inflación. Y para justificar esa redistribución coactiva de riqueza, están creando ya el chivo expiatorio: Rusia.
El cuento de Pedro y el lobo, pero esta vez contado desde Bruselas.