
El S&P 500 ya vale más del doble que en el suelo del mercado bajista de 2022. No es un detalle menor. El índice cerró por encima del 100% de revalorización respecto a los 3.577 puntos del 12 de octubre de ese año, una referencia que retrata mejor que cualquier discurso la potencia del ciclo alcista estadounidense.
Lo llamativo no es solo la magnitud del rebote, sino cómo se ha producido. En los últimos meses, varios índices y vehículos ligados a la renta variable de EEUU han corregido con fuerza, han ido a buscar antiguos máximos y desde ahí han vuelto a girarse al alza. Ese patrón de mercado, el clásico retest sobre viejas resistencias convertidas en soporte, ha vuelto a funcionar. Y lo ha hecho con bastante limpieza.
Ahí están varios ejemplos. El Dow Jones subió un 38% desde los mínimos de abril de 2025, en pleno desplome por la guerra arancelaria de Trump, hasta los máximos históricos de febrero. Después corrigió un 11% hasta los mínimos de marzo, justo donde estaban los altos previos de diciembre de 2024 y enero de 2025. Papel soltado, beneficios recogidos y vuelta a rebotar.
El movimiento se repite en el índice Bloomberg Magnificent 7 Total Return, que incluye dividendos. Los llamados Siete Magníficos cedieron un 17% desde los máximos de diciembre hasta los mínimos de marzo. Ese frenazo encajó casi al milímetro con los máximos históricos previos, los de diciembre de 2024 y enero de 2025. Un calco bastante revelador del Dow.
Tampoco se libraron las pequeñas compañías. El iShares Russell 2000 (IWM), ETF de BlackRock centrado en small caps estadounidenses, ha corregido un 12% desde principios de año. Los mínimos de finales de marzo coincidieron con los máximos históricos de 2021 y 2024, y desde ahí salió disparado para marcar nuevos récords. Cuando el dinero vuelve también a ese tramo del mercado, conviene tomar nota.
Hasta las apuestas más agresivas han dibujado el mismo esquema. El CoinShares Valkyrie Bitcoin Miners (WGMI), ETF ligado a las mineras de bitcoin, llegó a desplomarse un 50% desde los máximos de octubre hasta los mínimos de marzo. Ese suelo se apoyó en los máximos previos de finales de 2024 y desde ahí intenta rehacerse al alza.
En el caso del S&P 500 y el Nasdaq, la corrección ni siquiera llegó a tocar del todo esos altos anteriores: ambos se quedaron a un 3% de media. Rebotaron antes. La explicación está en el sector con más mando dentro del mercado americano: la tecnología. Y dentro de la tecnología, los chips.
La fuerza del SOX ha sido directamente extraordinaria. El lunes se rompió una racha histórica de 18 sesiones consecutivas al alza, periodo en el que el índice ganó un 47%. La comparación deja poco margen para relativizar: la anterior mejor serie era la de 2014, con 15 sesiones seguidas en verde y una subida del 7,76%.
La verticalidad es tal que el SOX cotiza un 48% por encima de su media móvil de 200 sesiones, un nivel que obliga a mirar hasta junio del año 2000 para encontrar una sobrecompra parecida.
Ese dato impone respeto. También explica por qué S&P 500 y Nasdaq han vuelto tan deprisa a zona de máximos sin necesidad siquiera de completar un apoyo perfecto sobre soportes teóricos. Cuando el dinero entra con esa intensidad en semiconductores, arrastra al resto.
Wall Street ha pasado así del tanteo sobre soportes a la subida libre otra vez. Con una diferencia importante frente a otros tramos alcistas: ahora hay varios segmentos del mercado confirmando el movimiento al mismo tiempo, desde gigantes tecnológicos hasta small caps, pasando incluso por activos mucho más especulativos. Eso refuerza la tendencia. Ahora bien, también deja niveles muy exigentes en algunos focos calientes del mercado, especialmente en chips.